El Siglo

El Túnel del Tiempo

Era una serie de televisión interesante. La posibilidad de ir hacia adelante o hacia atrás en el tiempo, para modificar hechos que de una manera u otra habían determinado el destino o lo podían cambiar.

La ficción siempre entraña aspiraciones o deseos reprimidos, que hacen volar la imaginación en todas direcciones para cambiar aquello que nos atormenta o nos atormentó y que le da sustentación a nuestra situación actual.

-Si volviera a nacer no haría tal cosa- se reclama íntimamente el ser humanos tratando de enmendar aquella decisión irreflexiva o complaciente que lo llevó a tomar y actuar de manera equivocada.

La equivocación, casi siempre proporciona el placer o satisfacción que exige el cuerpo, la parte racional de la mente, las exigencias sobredimensionadas del tener o disfrutar… y desde luego, en algún momento posterior, pasa la factura cuando el encuentro con la vida va discriminando los placeres de la carne y comienza el acelerado proceso de encontrarse con el espíritu.

Ese acto reflexivo reclama más que un propósito de enmienda, la certeza de encontrarse honesta y francamente frente a una conciencia crítica y severa que no justifica las acciones ni tolera la falsedad como muestra de arrepentimiento.

Por esa razón, muy pocos seres humanos alcanzan ese grado sublime de elevación suprema para encontrarse cara a cara con la interpelación de la verdad sin que sea encubierta por el ego alcahueta y mentiroso, frente a quién difícilmente nuestra propia verdad, se podría enfrentar sin ser acusada de falsa y mentirosa. Así somos de complacientes con nuestros actos.

Por esa razón tan descarnada, los espíritus livianos o menores, nunca tienen ni tendrán la oportunidad de enfrentarse ni siquiera a su propia conciencia. Morirán justificando sus estupideces.

¿Cuántos enmendarían sus errores si existiera ese túnel del tiempo para retroceder ese espacio gastado y consumido con aquel acto irreversible para no vivir el momento que le cambió la vida?

Salvo que estuvieran en la cárcel o en el Hospital en artículo de muerte, seguramente muy pocos.

Es difícil que esa parte emocional que gradúa al ego desatado y deformado por los efluvios del poder y la vanidad como infalible, le ceda espacio a la conciencia crítica más próxima al hemisferio cerebral que piensa, razona, medita, aterriza y decide apelando a la sabiduría.

Y lo malo de todo esto, es que no todos los actos reprobables o insanos de nuestra conducta, son motivo para terminar tras las  rejas o postrado en agonía en un hospital.

Las acciones y decisiones que nos debieran llamar a la reflexión y rendición de cuentas con nuestra conciencia, son esos actos cotidianos que han tenido repercusión irreparable en los demás y que en lugar de llenarnos de repugnancia propia, no dan el margen de placer que nos permite justificar a nuestro ego y absolverlo incluso de conductas criminales.

Pero desafortunadamente para conciencias arrepentidas por el disfrute pasajero de sus infamias y maldades, el Túnel del Tiempo, no existe… y lo hecho… hecho está y lo que se está haciendo hoy, con un ego embrutecido por las satisfacciones que proveen las maldades ciegas e insensibles que harán el daño irreparable a otros el día de hoy, y que es posible que por mucho tiempo no pasará factura, se acumulará como deuda por pagar tarde o temprano, especialmente, cuando la conciencia crece, la carne y sus apetitos pierden la exigencia de la ambición sin límite y la verdad surge impetuosa encarando al despreciable, que la tuvo presa en su propia conciencia hasta que pudo escapar y condenarlo.

En el espacio infinito de la compensación no hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla… es cuestión de esperar y darse cuenta y lo más triste vivirlo… que llegó inexorablemente.

Esta extraña reflexión me la trasladaba con vos pausada pero segura Henry Aguirre, un hombre de campo que conoce las debilidades, tentaciones y conductas de quienes han ocupado posiciones de poder llenas encanto y satisfacciones terrenales.

Pero también ha confirmado, la desesperanza, sin ninguna compensación equivalente, tanto de quienes una vez desheredados de poder y a veces también de fortuna tienen que enfrentar la realidad, que exige la reparación de aquella acción que inequívocamente le gritaba la injusticia o perversidad impresa en su realización… y que ofuscados despreciaron con altanería inspirados por esa ingrata sensación, tan común en los mortales, del poder eterno.

Es muy difícil entender lo infiel que es el poder y lo arisco que es el dinero, cuando se tiene la certeza escurridiza de que se poseen las dos cosas – concluyó Henry con la añeja seguridad que da la experiencia, basamento insustituible de la poca apreciada sabiduría de los años.

Y viendo la convulsionada situación del país, que ha caído en la crisis anunciada y esperada, en las últimas horas… tomando como referencia imposible, la existencia de aquel Túnel del Tiempo que enmendaba errores. Pienso

Será posible llevar a la conciencia de quienes, actuando ahora, y asumiendo las consecuencias de sus decisiones, sabrán que les será imposible mañana repetir este instante, y actuar, actuar y actuar en este espacio, tiempo histórico, al que se refería el pensador y líder político peruano Víctor Raúl Halla de la Torre, al tratar de definir las posibilidades irrepetibles de los momentos cruciales de la historia.

El momento nacional nos grita que las cosas andan mal… Que destruido el edificio institucional… el responsable legítimo de responder por su integridad… está claro que lo pretenden cercar para anular la naturaleza jurídica y política de su mandato.

Como un programa que se agota, el tiempo de las decisiones es precario y no resiste dudas ni satisfacciones histriónicas… No es el momento de buscar aplausos ni conmiseraciones y muy triste sería apelar a la comprensión solidaria y pasajera que lo único que engendra es un estéril, aunque solidario… “Pobrecito”.

Los hombres de Estado toman decisiones de Estado y  cada minuto que pasa… cuenta.

No es un programa de televisión… No existe el Túnel del tiempo… Y la plebe convertida en muchedumbre aplaude a sus héroes y se va con los vencedores.

Un discurso sin consecuencias puede motivar a la guerra… pero si no la encabeza el líder que la motiva… se transforma en frustración y desprecio.

Es importante lo que se dice… pero lo único que cuenta es lo que se hace.

Aunque es oportuno señalar que para los malos… tampoco existe El Túnel del Tiempo.

.
.