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Víctimas de la burocracia: el martirio de obtener un pasaporte

Hace un mes escribía en otra de las columnas sobre el “Derecho a la identidad”; en dicha ocasión afirmaba que “El derecho a la identidad es un derecho fundamental de las personas, comprende el tener un nombre y un apellido, la fecha de nacimiento, sexo, identidad de género y nacionalidad, incluso el saber la identidad de los progenitores.”

Esta vez abordaré el tema desde las múltiples críticas que se han venido dando respecto de la obtención de un primer pasaporte o la renovación del mismo. Críticas que ya tienen varios meses sin que el sistema produzca resultados eficientes. Siendo la Dirección General de Migración la entidad encargada de expedición de estos documentos

La falta de respuesta de las autoridades para la expedición del pasaporte también merma el derecho a la identidad, al no poder obtenerlo o hacerlo demasiado oneroso, tomando en consideración que el pasaporte es un documento que acredita la identidad y nacionalidad de una persona, documento de identificación para desplazarse a otros países. En un mundo globalizado el tránsito de las personas por distintos países forma parte fundamental de la economía global, sea por motivos de turismo, trabajo o tránsito.

Las dependencias administrativas deberían procurar facilitar los trámites burocráticos, no entorpecerlos. Todos los trámites deberían responder a los principios de sencillez, eficacia y eficiencia. Sin embargo, la obtención de los pasaportes se ha convertido en un martirio que los guatemaltecos han tenido que venir soportando desde hace ya seis meses –en su estado crítico-.

En el mes de diciembre la falta de prestación del servicio se derivó a causa que no existían cartillas suficientes para responder a la demanda de los pasaportes que se solicitaban. Lo cual fue causado por un procedimiento de contratación que no fue realizado a tiempo (seguramente por falta de planificación). Se racionaban las cartillas. Ahora, la excusa para racionarlas es desconocida. Se entrega un ticket con un número que las personas deben obtener dos, tres o cuatro horas antes que abra la oficina respectiva; lo cual tampoco asegura que en ese día podrán realizar su trámite y obtener su pasaporte.

Existen personas que llegan de fuera de la ciudad que deben invertir dinero y tiempo para poder obtener un número en horas de la madrugada. Pierden todo un día, en el mejor de los casos, en la realización de esta diligencia. Sin embargo, existen casos en donde las personas tienen que invertir dos o más días para poder obtener un número y su documento. Entre más engorroso sea el trámite, más se cultiva a que exista gente que se aproveche de la ineficiencia y se fomente la corrupción (a pequeña o mediana escala).

Este “sistema implementado” deja caras desoladas y frustración en los ciudadanos que necesitan obtener el pasaporte. Si realmente el sistema únicamente tiene capacidad para expedir 800 pasaportes diarios, entonces se debe buscar un mecanismo más justo para entregar esos números. En otros países existen mecanismos de gestión de citas (véase cómo funciona la obtención de las visas en los distintos consulados), que le da mayor certeza a las personas en cuanto a su tiempo y sus recursos.

Sin lugar a duda el mecanismo que emplea la Dirección General de Migración no responde a la demanda del servicio de los ciudadanos. Continuar con esa ineficiencia convierte en víctimas de la burocracia a todos los usuarios del servicio.

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