El Siglo

En el Día de la tierra, celebremos la naturaleza y abracemos la vida

El próximo 22 de abril se celebrará en muchos países del mundo, “El día de la Tierra”, una iniciativa promovida por el senador estadounidense Gaylord Nelson, en 1970 para crear una conciencia común a los problemas de la superpoblación, la producción de contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger el planeta.

Pasado casi medio siglo desde esta fecha, el nivel de degradación de los ecosistemas en el mundo nos ha llevado a niveles críticos en diversas regiones del globo donde se reporta la extinción de especies como el pájaro carpintero con pico de marfil, la foca Monge del caribe, el sapo dorado de Costa Rica, el solitario George una de las especies de las tortugas gigantes de Galápagos y más recientemente el rinoceronte blanco en áfrica, entre muchas otras.

En nuestro país de igual manera fuimos mudos testigos de la desaparición de una especie endémica del lago de Atitlán, como lo fue el pato Poc, declarado oficialmente extingo en agosto de 1987.  Su extinción se atribuye especialmente a la aparición de un pez conocido como lobina negra, que se alimentaba de los pichones de esta ave, sin embargo los altos niveles de contaminación del lago y su entorno también contribuyeron a esta fatalidad.

En la actualidad Guatemala se encuentra en la lista de los países más megadiversos del planeta por ser considerado como uno de los puntos más ricos en diversidad de especies en la tierra, sin embargo, sea por necesidad, desconocimiento o irresponsabilidad estamos matando los bosques, contaminando los cuerpos de agua y acabando con los sistemas naturales del país.

De acuerdo con la organización Guate Ambiente entre los años 1990 y 2015, la cobertura forestal paso de ser de 4,748,000 a 3,540,000 hectáreas, sea por cambio de uso de suelo, incendios forestales, o utilización de la madera como materia prima, en 25 años perdimos el 25% de la masa boscosa en el país y con ello una infinidad de seres vivos que dependían y vivían de ellos.

En este sentido no podemos indicar solamente algunos responsables, puesto que toda la sociedad por acción u desatención hemos coadyuvado a la degeneración de nuestros ecosistemas. Los guatemaltecos, necesitamos elaborar e interiorizar  nuestra propia “Carta de la Tierra”,  necesitamos hacer una declaratoria de principios producto de un dialogo serio, franco y sincero entre los diferentes sectores que cohabitamos este espacio territorial, los guatemaltecos necesitamos discutir sobre los bienes y servicios naturales a los que todos tenemos derecho, pero sobre los cuales también tenemos hartas responsabilidades.

Seguir postergando este dialogo en torno a los ecosistemas del país y sus medios de regeneración, nos seguirá condenando a la degradación del patrimonio natural y a la proliferación de actividades que van dejando a su paso conflictos comunitarios y contaminación de acuíferos. Desarrollo por supuesto, pero con sostenibilidad ambiental.

El tiempo es ahora, quizá podamos volver al significado de Guatemala, Quauhtlemallan que en Náhuatl significa “lugar donde abundan los árboles o lugar de muchos bosques” o bien solamente recordar con mucha nostalgia las áreas boscosas del país donde corrían riachuelos, se veían diversas especies de animales pasar y nos podíamos detener ante los espectaculares avistamientos de aves.

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