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Reflexiones sobre el rumbo del país

Una semana con decisiones transcendentales, por un lado está la consulta popular a llevarse a cabo el domingo en donde los guatemaltecos decidiremos si queremos dar un primer paso para resolver el diferendo territorial con el vecino país de Belice. Por otro lado, la Comisión de Postulación decidirá quienes son los seis candidatos elegibles para Fiscal General y Jefe del Ministerio Público.

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Mientras tanto, poco más de un año después, se levantan los fantasmas del lamentable suceso ocurrido en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en el cual el año pasado perdieron la vida niñas y adolescentes que estaban a cargo de un sistema podrido. Esta semana un nuevo evento puso de manifiesto que el sistema de acogimiento a la niñez y la adolescencia no es funcional. Nunca lo ha sido.

En un país en el que estamos acostumbrados a la convulsión, en el que todo es una lucha de poderes que se acrecienta cada día, se pierde de vista que en lo que se debe luchar es por marcar un rumbo de país. Un país que construyamos para tener un mejor futuro.

Es por ello que las decisiones y eventos a tener lugar y ocurridos esta semana marcan un punto de reflexión para lograrlo.

Tomar una decisión para la resolución pacífica del diferendo territorial marcará que estamos dispuestos a solucionar de forma pacífica una controversia centenaria. Estamos tan acostumbrados a dejar pasar el tiempo con los problemas –no solo el conflicto territorial, sino todos los problemas estructurales, en general-, que dar un primer paso para resolver un problema sea una guía para los otros, cuya solución también ha sido retrasada, por falta de voluntad. Así como se asignan 300 millones para darle solución a este asunto, luego una cantidad igual de fuerte sea para invertir en educación, salud, nutrición, la conservación del medio ambiente, seguridad y, general, a las obligaciones constitucionales fundamentales del Estado.

Asimismo, que la elección del Fiscal General sea para instituir una cultura de legalidad. No se puede negar que el alto grado de impunidad en el país fue lo que nos condujo hasta llegar a este punto. Lo que nos muestra la cantidad de casos penales mediáticos, es que la delincuencia en el Estado es estructural. Una moral que nos fue corrompida, en la que dábamos por normal aquello que no lo era. Se persiguen conductas que nunca estuvimos acostumbrados a que se hiciera. Creer que puede ser diferente, empieza por ajustar nuestras pequeñas conductas.

Por otro lado, darnos cuenta que el sistema de protección de la niñez y la adolescencia tiene grandes deficiencias. Los niños, niñas y adolescentes son el futuro de Guatemala. Si no se implementan políticas para fortalecer capacidades y darles un desarrollo emocional adecuado, el círculo de los problemas no terminará. Para construir un futuro fructífero debemos ocuparnos del presente de ellos.

Lo que sucede en el país no nos puede causar indiferencia; es momento de reflexionar a dónde queremos ir.

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