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La Soberanía es un Tema de País

“NO TENDREMOS MIEDO A NEGOCIAR PERO NUNCA VAMOS A NEGOCIAR CON MIEDO… Presidente Mexicano evocando lo dicho por un ex presidente de los Estados Unidos de América”

Mi primera preocupación fue como poder interactuar con don Edmundo Deantés… Siempre ha sido él quién dirige, coordina y fija la temática de estos encuentros dominicales, desde que decidió lanzarse al ruedo del análisis de coyuntura, allá a mediados de los años ochenta, cuando se iniciaba el experimento de la enésima apertura democrática, que como sarampión reincidente, cada cierto tiempo, emprende nuestro país, intentando irrumpir por fin en el proceso democrático.

Fue en la revista Domingo de Prensa Libre donde dio ese primer paso don Edmundo, abriendo la publicación como responsable de las páginas dos y tres que tenían el peso de la presentación de la revista.

Un maestro del periodismo nacional: Julio Santos (Petronio Lys) había sido el responsable de ese espacio, hasta el día en que Pedro Julio García, piedra angular y personaje irrepetible de la vida nacional y factor determinante para el surgimiento de ese periódico, le dio paso a don Edmundo para que ocupara aquel privilegiado segmento dominical.

Ya Julián Parrillas (D.R.) tenía algún tiempo de escribir la página once de la misma revista, intentando hacer con más rigor y pretensiones académicas el análisis de coyuntura. Siempre llevado de la mano de Pedro Julio, quién con paciencia franciscana escuchaba la lectura de los artículos, que en busca de su aprobación ética, esperaba primero, don Julián y después don Edmundo cuando ya tuvo la oportunidad de escribir, agregándole dos páginas más al aporte que hacía Danilo Roca todas las semanas.

Fue un tobogán de experiencias, emociones y consecuencias, las que se derivaron de aquel encuentro inesperado con la opinión pública, que se volvió a repetir cuando hace un año y pocos meses encontraron en su retiro a don Edmundo y lo invitaron a volver al ruedo.

Amilcar Alvarado, Director de El Siglo, hizo posible ese retorno, en condiciones complicadas, en medio de una debacle de ánimos exaltados y en franco y descarnado ingreso a un período de confusiones encontradas y en abierta confrontación, usando como pretexto, para el enfrentamiento, como siempre, la pasión y el ansia democrática que ha animado a los guatemaltecos.

Con esa justificación y tomando como bandera una irresistible lucha contra la corrupción nos empujaron a una vorágine de desencuentros que en busca de la virtud pública le ha prendido fuego a la concordia nacional, ha estimulado la purificación producto de un extraño fanatismo que arrasa y no construye y que nos tiene en los albores del siglo 21 en el centro de una terrible inquisición, con todo y su Torquemada particular (don Tomás de Torquemada primer Inquisidor del reino de Aragón y de Castilla descrito por la historia como un sádico virtuoso) que prende fuego a todo aquel que ose contrariar un inconmensurable poder omnímodo, hasta hoy desconocido, en toda la amarga historia de nuestro país.

En medio de una convulsión planetaria de replanteamientos políticos, en donde la pretensión de una Burocracia Global, instalada estratégicamente, a base de un trabajo bien llevado por muchísimo tiempo en la Organización de las Naciones Unidas, sin una consulta directa a los pueblos del mundo, avanza con metódica e irreverente eficacia en la absurda pretensión de suplantar el mandato de sus mandantes (Los Estados Soberanos) pretendiendo instalar un Gobierno Universal de anónimos funcionarios que usurpan a discreción, el poder en las casas de sus patronos.

Interventores con privilegios ilimitados, que los transforman además, de huéspedes bien pagados, en los jefes indiscutidos y forjadores iluminados del presente y futuro de los pueblos ocupados.

Esa pretensión impensable e irreverente de los Burócratas Universales ha colisionado con la realidad del los imperios instalados o emergentes de la tierra, en la consolidación del control del resto del mundo.

Unos, empleados con poder y sin respaldo democrático alguno, y los otros por el peso de su innegable fuerza, económica, militar y política, en un pulso abusivo, disputándose el control sobre el resto del mundo (nosotros los pueblos, sin norte, sin dignidad, reconocidos como países, pero con soberanías supervisadas y economías dependientes)

Vaya lío el que nos tenía reservado el siglo de la luz, la tecnología, la paz y la civilización del conocimiento.

Más discriminados que en el siglo veinte.

En este, abiertamente nos disputan Imperios y Organismos Internacionales, como naciones residuales, condenadas a suplir el consumo dependiente de la producción de los Imperios y ahora también, la recién aflorada pretensión de los burócratas internacionales de mandar sin mandato, empezando como siempre por los que ellos consideran remedos de países, sin personalidad propia, una dignidad relajada y acomodaticia que aceptan compartir regencias en lugar de gobiernos y distintos tipos de intervención impulsadas unas veces por los Imperios y otras por esos nidos de anónimos y abusivos funcionarios internacionales.

En esa disputa planetaria, en la que Guatemala es el triste ejemplo de los dos tipos de intervención, frente a la complaciente o forzada, pero desafortunada aprobación de regentes e intervenidos.

Tanto frente a los Imperios, que en reclamo de su hegemonía, se resisten a rendirse al Gobierno Universal de los Organismos Internacionales y para hacerse sentir con todo su poder, muestran su rotunda intolerancia a la intervención que les afecte y comienzan a refugiarse en un concepto que atañe a la dignidad y vergüenza de todos los pueblos libres del mundo: La Soberanía.

Sólo que los Imperios si la ejercen sin miramientos, poniendo de patitas en otro territorio, a quienes insinúen usurpar su poder soberano. ¡Así si baila mi hija con el señor!

Esta semana, se animó México en la voz, de su Presidente, por primera vez unificadora de todas las fuerzas políticas, sociales y económicas de su país, hacer sentir su protesta frente a los Estados Unidos de América, por la movilización de tropas estadunidenses a la frontera entre los dos países, para señalar su intención de frenar la migración de desplazados de nuestro continente.

Y por otro lado los propios Estados Unidos, retirándose de la UNESCO y denunciando a los funcionarios de Naciones Unidas de injerencias ideológicas en esa manifiesta intención de instalar un Gobierno Universal alejado de su papel conciliador y auxiliar de los poderes públicos de los Estados Soberanos, por la absurda e intolerable decisión  de definir las Políticas Públicas de Estados Intervenidos por su Burocracia Internacional.

La reacción del Estado Mexicano frente a los Estados Unidos, y la de los Estados Unidos frente a la Burocracia Instalada y reinante en las Naciones Unidas, es una muestra inequívoca de las disputas que retarán el talante de los guatemaltecos y el mundo en los tiempos por venir.

Desde luego, también la de los centroamericanos y esa parte del Caribe mesoamericano en la tarea de definir cuál será el papel que queremos desempeñar en ese mundo que nos espera y que pretenden diseñar e imponer al margen de nuestra voluntad.

Está claro que una parte de la élite dirigente de este nuestro país: Desestructurado; Desesinstitucionalizado y paralizado por la intervención irreverente y abusiva obviamente instalada y en ejercicio de un poder ilegítimo, se pliega incondicional a esa versión de país ocupado con una regencia obediente y no deliberante.

Una ofendida y cada vez más consciente y numerosa dirigencia multisectorial y pluralista acompañada de un pueblo consciente del desafío de la crisis, hace acopio del sacrificio realizado, con sangre, sudor y lágrimas, como diría Churchil, a través de la historia, por consolidar nuestra identidad nacional, se opone con energía y sacrificios inimaginables a la renuncia de nuestra libertad e independencia patria.

Conscientes que somos una población multiétnica y multicultural, pero como expresión de riqueza y no como justificación para el fraccionamiento de nuestro pacto social que hizo de Guatemala una nación reconocible e independiente.

Dispuestos a sumar nuestro aporte estratégico  a la región y finalmente  realizar el ideal de la Unión Política Centroamericana, único camino viable para marcar la existencia de nuestra realidad geopolítica en las disputas de los poderes planetarios.

Resistiéndonos por decoro a ser una porción de territorio, recién bautizado como triangulo norte, en subasta al mejor postor.

Convivimos también, en las circunstancias actuales, con una porción de población ajena a las pasiones urbanas, que sobrevive sin orientación ni organización que la represente de manera orgánica y legítima, y que tiene que soportar la sujeción a los vaivenes de los falsificadores de la representación popular que usurpando su legítimo sentir como verdadero pueblo, se atribuyen su representación poniéndola a discreción en la subasta de respaldos que se venden y se compran en el asqueroso mercado de las traiciones y delaciones cotidianas.

Esa mayoría ausente de la tragedia de quedarse sin país, sobrevive a base de su trabajo cotidiano honesto y productivo ajena a las maquinaciones y trampas de quienes todos los días les roban un pedazo de su patria y su dignidad.

Por esa razón, todas las decisiones que atañen a la soberanía popular, deben ser consultadas en procesos electorales, democráticos y libres.

No se puede permitir que ese sagrado derecho ciudadano, sea saboteado por quienes pretenden instalarse en el poder de manera provisional y trapera para perfeccionar la entrega del país.

Nadie más que la población será la que en algo más de un año tendrá que definir el futuro de Guatemala.

Quienes pretendan abortar su voto deberán ser proscritos y señalados como traidores a la patria por un pueblo rebelado en legítima defensa de sus derechos constitucionales.

Un polvorazo irresponsable en la acción jurisdiccional o el accionar político indecente, será suficiente para abrir el dique que desborde las tensiones de la población, ya a punto de rebalsar en anarquía.

Debe ser la población y su marco constitucional quienes tomen el control del futuro de la patria.

¡Protectorado de Naciones Unidas…! No lo creo…! ¡Colonia sin prestaciones ni reconocimiento del Imperio de turno…! ¡Mucho menos!

Quizá estemos a tiempo de forjar una nación coaligada con Centroamérica y el Caribe, marcando el nuevo rumbo de su destino, como la región de paz y desarrollo que proclamamos en los acuerdos de Esquipulas.

Peña Nieto, más allá de sus limitaciones como gobernante se vio obligado a interpretar el sentir de un pueblo con dignidad ofendido en su dignidad.

Y los Estados Unidos le recordó a las Naciones Unidas que son burócratas no dirigentes. Recordarse de la Soberanía es una obligación congénita a la condición de ciudadano de una nación que se precie de ser Estado.

Nuestra Soberanía Nacional es parte consustancial a nuestra devaluada dignidad y creciente indignidad en camino de rendir nuestra identidad y territorio.

Por esa Razón don Edmundo Deantés (D.R.) convocó el espíritu del otrora combatiente de viejas lides editoriales don Julián Parrillas y los dos le exigieron a Danilo Roca, que en nombre de los tres, se una a la mayoría de los guatemaltecos para proclamar todos juntos y a una sola voz

VIVA LA SOBERANIA NACIONAL

Sin ese valor tangible y universalmente reconocido no existe ni Estado ni país

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