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Respetemos la Muerte

La muerte o, deceso, defunción, fallecimiento, óbito, expiración, perecimiento, fenecimiento, cesación, es un efecto terminal que resulta de la extinción del proceso homeostático en un ser vivo; y con ello el fin de la vida. Se conoce a la muerte como cesación de la vida. la vida es limitada, nos produce una horrible sensación de vacío; nos cuesta reconocer que parte del proceso de crecer, es aprender a convivir con ella: “nacimos para morir”. Elizabeth Kubler-Ross, en su libro “Sobre la Muerte y los Moribundos” dice: “Hay muchas razones por las que no se afronta la muerte con tranquilidad, ya que morir se ha convertido en algo solitario e impersonal, porque a menudo las personas enfermas son arrebatados de su ambiente  familiar y llevado a un hospital donde se les trata como a seres sin derecho de opinar, tomando otros las decisiones por ellos, olvidándonos que estas tienen sentimiento, deseos, opiniones y sobre todo el derecho a ser escuchadas y a tomar la decisión de si quieren o no estar en ese lugar. ” La definición clásica de muerte como separación del alma y del cuerpo se caracteriza por una grave indigencia antropológica, pues presenta la muerte como algo que afecta solamente a la «corporalidad humana» y deja al «alma» completamente intacta. No deberían desde que comprendemos enseñar sobre la muerte de los humanos, donde nuestros sentimientos se lastiman y nos cuesta comprender cuando acontece en un ser querido cercano. Los combatientes en la guerra pierden el sentido de la muerte tanto de ellos como el prójimo. Últimamente se descubrió que El cerebro se mantiene consciente después de la muerte. Lo que ocurre más allá de la muerte siempre ha sido un asunto metafísico, más propio de otras disciplinas, como la religión o la filosofía. En cambio, desde el punto de vista científico, parece bastante claro que los procesos químicos que dan lugar a las percepciones, el pensamiento, las emociones, la consciencia… se “apagan” por completo en el cerebro en cuanto el cuerpo muere. No obstante, un equipo de científicos de la Escuela de Medicina NYU de Nueva York tiene una opinión distinta. El Dr. Sam Parnia, director de cuidados intensivos de este centro, asegura que las personas “saben de inmediato que han muerto”, dado que su conciencia sigue funcionando después de que el cuerpo ha dejado de emitir señales de vida. Una conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores dirigido por el propio Parnia, tras analizar a un grupo de pacientes que sufrieron un paro cardiaco y que, técnicamente, murieron, pero fueron reanimados con éxito poco después. Entre las conclusiones del estudio se puede extraer que los pacientes tenían consciencia de las conversaciones completas y, también de ver las cosas que sucedían a su alrededor, incluso después de haber sido declarados fallecidos. Los humanos debemos considerar la muerte de algún ser humano, tomando el dolor familiar en general y los católicos nos tranquilizamos con la declaración del Papa Francisco quien dijo que el infierno no existe.

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