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Volar sobre el pantano

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Espero no hacerme acreedora a un cupón para un linchamiento mediático gratuito, pero: ¿acaso Guatemala entera -y por muchas más generaciones de quienes lo sufrieron en carne propia-  no se ha desangrado lo suficiente? Acaso esta actitud de ira, resentimiento, cólera, revanchismo y, hoy, ¡contra un muerto! un muerto que ya no ve, ya no oye ni sabe nada más de este triste mundo, ¿acaso nos ayuda realmente a superar un pasado tan doloroso que sólo ha dejado pérdidas?  Pregunto a los expertos de la psicología y de la sociología, a una persona que hubiese pasado por un dolor semejante de la pérdida de seres amados, ¿le aconsejarían seguir lacerando esas heridas que no secan, seguir repitiendo en su mente lo malo que pasó, “gastando su vida útil” en rumiar inútilmente un pasado que, al presente, sólo trae negativo, doloroso y niega toda posibilidad de salir del pantano a ver que cada día ha vuelto a amanecer?

¿Realmente creemos que ese es el camino correcto para poder ver un futuro medianamente diferente? Desconozco la psicología profunda, pero mi brújula interior me dice que todos los habitantes de este país seguimos perdiendo en lugar de ganar y de poder sobreponernos como sociedad a un pasado maltrecho y lleno de errores. ¿Qué caso tiene maldecir a un muerto? ¿Qué de bueno nos trae como ciudadanos o habitantes de un país ya suficientemente enfermo y maltratado? Desde aquellos años, todos hemos perdido (son ya más de 40 años sin dar un solo fruto bueno, excepto por algunas compensaciones económicas, que tampoco resucitaron a muerto alguno), mientras otros asuntos nos van ganando la partida.  Creo que cada vez es más difícil vivir a gusto en medio de una sociedad tan patética y profundamente enferma; incapaz de superar sus fracasos.

Con “superar” no se implica “olvidar”, que es la palabra que algunos parecen ver -aunque el texto no la incluye- cuando los párrafos anteriores los anoté en el muro de un apreciado amigo virtual que es columnista de otro medio escrito, con quien sostenemos eventuales diálogos respetuosos y de provecho. Aunque gentilmente me brindó una extensa respuesta psicológica, particularmente me inclino por creer que sigue siendo mejor comenzar a tratar de volar sobre el pantano, y superar toda esta historia que tiene a nuestro país –que posee tanta riqueza-, sumido en gran miseria, aún inexplicable, motivando ello a más migraciones forzadas.

El cuestionamiento es un tema de “actitud”, como nación, y no histórico ni de recuento de daños de cada parte.

Esta semana, hubo dos noticias que nos bajan la moral, si somos conscientes: la primera, un furgón en México, en el que se hallaron 193 migrantes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, hacinados dentro de la unidad a más de 40 grados de temperatura y padeciendo asfixia.  Buscaban pan y trabajo.

¿Acaso ellos no importan? ¿Y los que siguen escapando aún con los actuales peligros?  ¿Y el futuro de esas familias que hoy se quedan sin la cabeza de su hogar?  Son personas que aún tienen vida, que debieran poder ser ciudadanos productivos en su propia tierra.  ¡49 eran menores de edad! 13 de ellos viajaban sin un adulto, ¿y su futuro?

La otra nota, una estadística del BID en base al FMI (2017) indica que, de las tasas de inversión en 25 países de América Latina, Panamá lleva la delantera, con casi 45% del PIB de inversión de capitales de trabajo.  Sigue Surinam, y luego Nicaragua, incluso, con el 30%.  El último lugar es para Venezuela, que por las razones desfavorables que conocemos, cuenta tan sólo el 8%.  Sorprendentemente, Guatemala está sólo antes que Venezuela (lugar 24 de 25): con apenas un 12%.

Con todos nuestros recursos: clima, gente, juventud desempleada, edificios para instalar empresas, buenas carreteras (como las del Pacífico y Atlántico, que conectan los puertos de carga con la ciudad), telecomunicaciones, etc., presento este llamado ciudadano para que las autoridades inicien un plan que genere un cambio urgente, no sólo de actitud en la población sino de acción para dar por  terminados los casos que estuvieren pendientes, si los hubiere, y reactivar urgentemente la economía, atrayendo inversiones con un plan coherente.  ¡Volemos sobre el pantano; ahora o nunca!

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