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¿La polarización actual es ideológica o no?

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Editorial

Toda constelación política se estructura y ordena conforme a parámetros de tipo gradualista. Las ideologías gradualistas cumplen convenientemente su función a la hora de construir el mercado político, exactamente igual que una lista de precios, aunque en esta ocasión planteado a niveles cualitativos. La imagen ideológica de un arco político que comprende desde la derecha a la izquierda procede de la costumbre de los parlamentarios de la Asamblea Nacional francesa de sentarse físicamente unos en los escaños de la derecha y otros en los de la izquierda. No se cree que las izquierdas eligieran deliberadamente esa situación, pues ubicarse a la derecha está cargado de unas connotaciones ideológicas positivas que proceden de tiempos remotos, ya lo dice la Biblia, los buenos estarán sentados a la diestra del Padre (nuestra lateralización cerebral nos hace ser preferentemente diestros antes que zurdos, a las personas oscuras y retorcidas se las llama siniestras, a la habilidad se la llama destreza, etc.).

Los términos Izquierda y Derecha en política obedecen a cierta ideología de tipo gradualista. La gradualización política rinde sus mayores servicios cuando de lo que se trata es de ganar el favor de inmensas capas de la población de composición mayoritariamente pequeñoburguesa que desea a toda costa la moderación, temerosa de cambios bruscos hacia la izquierda y hacia la derecha que haga peligrar su estabilidad y tranquilidad.

Por tal razón las derechas inventaron, en ese arco gradualista imaginario, el Centro Político, es decir, la imparcialidad, objetividad y la ecuanimidad absoluta que contempla desde el más adecuado vértice geométrico a las restantes opciones, todas ellas necesariamente sesgadas y parciales. El punto del centro, el grado noventa del arco político, sería por tal motivo el punto de la razón, el punto de equilibrio y, por tanto, el mejor y más adecuado asidero del poder. A este esquema gradualista de asignación de espacios políticos se le ha opuesto otro principio, más radical, cuya premisa es la negación del diseño gradualista por considerarlo engañoso y ficticio al no corresponder a la fisura social real que se abre entre las clases sociales.

El posicionamiento de todo partido o grupo político será, lo reconozca o no expresamente, un posicionamiento de clase y girará en torno a los intereses de la clase social a la que orgánicamente está ligado.

Dado lo que exponemos con anterioridad, resulta curioso que la izquierda guatemalteca que ha pregonado una conciencia de clase en si y clase para sí, hoy día se vea unida a intereses económicos poderosos dentro del espectro social del país, lo que confirma la teoría de que, los grupos políticos y las mal llamadas organizaciones de la sociedad civil, únicamente persiguen sus propios intereses económicos o de poder, dejando por último o, NO IMPORTÁNDOLES, el bien común de todos y cada uno de los habitantes de este bello país.

En el país del Realismo Mágico realmente, los cuadros de los partidos no están integrados por obreros o campesinos, sino más bien, por intelectuales de tracción media conectados a las ideologías izquierdistas. Tampoco los cuadros de los partidos de derecha se integran por burgueses propiamente dichos ni siquiera por los accionistas mayoritarios de las grandes empresas, sino por profesionales de la política y la tecnocracia ligados orgánicamente a intereses burgueses.

Visto lo anterior, vale la pena preguntarse ¿Si la polarización que hoy día vivimos los guatemaltecos es ideológica o no? ¿Estamos siendo manipulados por intereses mezquinos o no? ¿Qué hay detrás de los intereses por alcanzar el poder, por parte de la autodenominada Sociedad Civil y sus secuaces?

Por una nación libre, justa y solidaria.

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