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¿Por qué Costa Rica es diferente?

El resultado electoral de la primera vuelta en las elecciones presidenciales costarricenses generó una sensación que hacía pensar en el derrumbe completo de todo el edificio democrático.  La preocupación estaba demás.

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Por lo general, este mecanismo es común en contextos donde el parlamento adolece de una fragmentación ilimitada  y las primeras vueltas electorales en regímenes presidenciales tienen la función de definir  las dos tendencias dominantes en el ´mercado electoral.´  Visto así entonces, el resultado del pasado 4 de Febrero no debiera perse, alarmar a nadie porque lo único que nos muestra es que si Costa Rica es un país con mayoría de ciudadanos que profesan la religión cristiana evangélica esa condición debe reflejarse en las urnas.  Si la democracia es, en efecto, representativa, pues esa tendencia dominante será de alguna forma claramente representada.   Sin embargo, hay que apuntar otro detalle:  En los regímenes presidenciales el ritual electoral de primera vuelta define además la composición de la cámara y las tendencias conformadas para la legislatura 2018-2022 nos demuestran que los partidos políticos tradicionales en Costa Rica siguen teniendo completa vigencia.   Todo esto quiere decir que,  en caso de ganar la presidencial Fabricio Alvarado Muñoz,  por mucho que tenga  la premura  de impulsa su agenda  de ´hermanito pandereta´  le tocará buscar hacer alianzas en el parlamento.  Tendrá que conciliar, tendrá que consensuar y tendrá que ceder en aspectos de su agenda porque su partido no parece tener la mayoría dominante.  De hecho, en razón de la denominada ´legitimidad dual´ (el ejecutivo y el legislativo son ambos poderes con legitimidad democrática) la agenda del legislativo no será la del presidente y por lo tanto si se quiere evitar una crisis presidencial de gobernabilidad no quedará otra opción más que,  conciliar.  Por el contrario, si las elecciones las ganase Carlos Alvarado Quesada (candidato oficialista) posiblemente el Ejecutivo tendría un sentido de continuidad y mucho menor radicalismo, pero el partido de Alvarado Quesada no parece tener tampoco tener un peso dominante en la cámara, por lo tanto, igual tendrá que jugar la carta de las coaliciones.

El resultado de verdad interesante de la pasada primera vuelta es fundamentalmente el número de escaños obtenidos por el partido conservador Liberación Nacional, (actual partido de oposición).   Pareciera ser que,  no solamente el descontento con el partido oficial abona al resultado sino el hecho que en esencia Costa Rica pareciera ser un país ´de derechas´,  Eso sí,  con una derecha que a diferencia de la derecha chapina puede conciliar con el derecho internacional y con la provisión de bienes públicos.  Lo anterior lo menciono en razón que a la derecha liberacionista en Costa Rica no le ha pasado por la cabeza privatizar la Caja del Seguro Social porque entienden  la estabilidad política que los bienes públicos producen.

En esencia, lo interesante del caso costarricense es notar cómo en un contexto donde las instituciones democráticas funcionan (los partidos), los conflictos inherentes a cualquier sociedad se trasladan del plano social al plano electoral.  Es decir, son las instituciones las que resuelven.   Lo anterior quiere decir que si hay una mayoría considerable de ciudadanos costarricenses que desean que Costa Rica se retire del CIDH o que tuvieran interés en eliminar toda influencia de la ´perniciosa ideología de género´ (sarcasmo por los paréntesis), primero tendrán que ganar la elección y luego, esperar que puedan presentar su caso en el congreso para así, intentar consensuar con el resto de las fuerzas políticas.  Esto obligará, a moderarse.

De eso se trata la democracia.

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