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¿Qué hacer con la política nacional?

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Uno de mis maestros de filosofía, Jaime González, formuló estas palabras en una de las clases en la Universidad de Costa Rica: “para ser eficientes en la vida política y social, todas las personas y todos los grupos organizados debemos definir y orientar la acción en términos de objetivos concretos en función de situaciones precisas. La condición previa de toda estrategia consiste así en un adecuado análisis de la situación. Pero, para lograr una definición precisa y efectiva de cada ámbito de acción, hay que establecer un adecuado y certero balance entre las posibilidades   y las limitaciones implicadas”.

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La puesta en práctica de estas ideas articuladas con la vida cotidiana de la política guatemalteca, resulta complejo, dado que cada uno de los actores o instancias organizativas se lanzan al aire por ocurrencias espontáneas que devienen de intereses inmediatos o bien por mandatos que se originan de otros entes a su propio accionar.

De esa cuenta cuando González afirma que es en “función de situaciones precisas”, estas o bien pueden ser las que obedecen a intereses creados del individuo político, como individuo, o a los intereses que se formulan en función de las instancias de poder. Significa que la vida política nacional al establecer las “posibilidades y  limitaciones”, se debe de adecuar “pragmáticamente” a las dos grandes vertientes de intereses a fin de no caer en el autoengaño.

Resulta necesario bajo estas circunstancias, que la “estrategia” del accionar de un partido,   organización o grupo político, deberá de trazarse sobre esta línea porque al menos dará mayor certeza frente a la incertidumbre de la política nacional. Si no se crean satisfactores individuales para las personas que deciden asumir un costo de desgaste público, no habrían candidatos a diputados, alcaldes, presidente y vicepresidente. En la práctica cuando estos satisfactores desaparecen, entonces surge lo que hoy se llama el fenómeno del “transfuguismo”, porque no existen lazos ideológicos ni ética política que le den identidad a un individuo  con la organización que les abrió el camino de la elección.

Por otro lado, nadie en el mundo en el cual vivimos, está exento de la influencia de los poderes reales, o sea, del gran capital y de los capitales nacionales. Estos, necesariamente tienen que velar por sus propios intereses y procurar a través de los diferentes mecanismos existentes, velar porque las cosas caminen por el sendero que a ellos les conviene. El secreto de los políticos inteligentes e imaginativos, es el reconocimiento de esta realidad y apostar por una especie de consenso dialogado para que se alcancen algunos propósitos que le den sentido humano a la política como accionar social. Contrariamente nos enfrentaríamos al desborde de pasiones y de intereses desenfrenados que colocan a cualquier país en el medio de inmensas turbulencias difíciles de controlar.

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