El Siglo

Reformas fiscales perdidas

Sí existe un tema económico que desvele a todos los ciudadanos, ese tema es el déficit fiscal. Qué ciudadano, qué político no se estremece al escuchar las escalofriantes cifras del déficit y sus impactos en la producción, el consumo y la estabilidad de un país.

Recientemente, el gobierno de Trump lanzó un reto a todo el mundo, al realizar una reforma tributaria al revés. En lugar de subir los impuestos, que es el sueño de todo político que se considere relevante, Trump logró imponer una fuerte bajada de impuestos. A mediados del 2018 el mundo sufrirá el impacto de esta medida y sabremos sí será para bien o para mal.

La idea de Trump no es recibida con buenos ojos por los políticos y funcionarios rentistas. Tampoco por los empresarios que viven de la teta del gobierno. Los contratos de obra pública, los beneficios salariales y las pensiones de lujo tienen su fuente de ingresos en los impuestos cobrados a la ciudadanía y en la creciente deuda pública. Una baja de impuestos es una apuesta orientada a la disminución del tamaño del gobierno. Es un balde de agua fría para la poderosa burocracia moderna.

No es un secreto que Estados Unidos es la economía más poderosa del planeta. Ese país es el mayor importador de productos nacionales, y además es el principal proveedor de ayuda para el desarrollo e inversión extranjera directa -IED-. Una baja en sus impuestos puede significar una situación de incertidumbre para economías en vías de desarrollo. Las empresas norteamericanas pueden aumentar la producción y los salarios de sus habitantes. Generando, por un lado mayor consumo e importaciones de bienes y servicios. Por otro lado, las empresas pueden repatriar sus capitales y disminuir la inversión extranjera.

La estrategia de Trump es clara. Volver al proteccionismo más descarado. Usando todas las armas posibles. La idea es que los inversionistas estadounidenses (un gentilicio horrible, ni modo, es para un país sin nombre), al tener que pagar menos impuestos tengan más capital en sus manos y puedan invertir en mayor cantidad, y así mismo puedan generar más empleo, producción y ganancias. Provocando un auge del consumo y prosperidad.

Y no es para menos, el gobierno de Trump bajó los impuestos de un 35 a un 21% de las rentas. El riesgo es que los inversionistas trasladen el dinero a paraísos fiscales o a consumo de lujo. Provocando malestar en la población. ¿Qué efectos tendrá esta reforma sobre América latina? (Otro gentilicio raro, latinos son los que nacen el Lacio, cuya capital es Roma, por aquí no habemos muchos de esos lares). Lo que sí parece cierto es que los inversionistas gringos ahora tendrán que meditar sobre retirar o mantener la inversión extranjera en nuestros países. Sí les resulta rentable, económica o políticamente, repatriar sus capitales, nuestra región sufriría una escasez pronunciada de capitales.

La última reforma tributaria en Estados Unidos ya no cobra impuestos solamente sobre los capitales repatriados. Ahora se pasa, junto con la OCDE, a un impuesto territorial. Las empresas solamente pagarán sobre los ingresos obtenidos dentro del territorio nacional. En ese sentido se vuelve atractivo retornar el capital hacia el país norteamericano. A esa dirección apunta, también, el aumento de los aranceles a China. La idea es que las empresas de Estados Unidos que se trasladan al gigante asiático en busca de mano de obra barata retornen al país. El riesgo de abandono del capital de Estados Unidos desde China, amenaza también a varios países latinoamericanos.

Los países latinoamericanos son atractivos para la instalación de empresas productoras de servicios. La reforma podría perjudicarlos, ya que los bancos, empresas de call center, informática, telecomunicaciones y gerencia de proyectos podrían ver atractivo retornar a suelo norteamericano.

La región también se ve presionada estratégicamente por la administración Trump. El gobierno de Estados Unidos juega al ratón y al gato con los países latinos. Castiga con aranceles a algunos y exonera por ser muy amigos a otros. Con ello se genera una política de provocación para generar conflictos. Los países latinos tienen que estar despiertos, la estrategia es defender la paz, la cooperación entre americanos y la apertura comercial. El camino de la confrontación nos puede convertir en Sirias americanas.

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