Home > Columnas > Le queda grande

Le queda grande

En los regímenes de tipo presidencial, la figura del presidente juega un rol importantísimo.  No solamente materializa la soberanía de la nación, no sólo juega el importante rol de unificar  la nación sino que además es la figura que mueve la administración pública.  El titular del ejecutivo está entonces obligado a mantener una dinámica sana con su propio gabinete,  no puede desentenderse de las acciones realizadas por su propio partido, está obligado a impulsar su agenda de reformas y por si fuera poco,  es totalmente responsable de la calidad con la cual el ejecutivo realiza su función más importante:  Ejecutar.

Cuando al ex presidente Pérez la oposición del momento le paralizó completamente la agenda, obligándolo a tomar en cuenta al partido Líder en la elaboración del presupuesto, se hacía de manifiesto la crisis del régimen presidencial guatemalteco.  Esta misma situación de crisis volvió a hacerse patente al considerar la diminuta bancada con la cual el presidente Morales inició su gestión.  De no haber sido porque la carta del transfuguismo seguiría vigente esta situación tan seria de presidencialismo débil. Esta debilidad del régimen presidencial se acrecentara con el estilo de gestión presidencial tan propio del Presidente Morales.   Desaparece de la escena pública cuando hay crisis (caso Hogar Seguro) y no ha tenido el coraje de subirse al ´carro de las reformas´ para liderar la agenda. Si su gestión tenía solamente los resultados en seguridad,  aún cuesta comprender la decisión de haber removido al ministro Rivas y a la anterior cúpula PNC.  El titular del ejecutivo debe ser capaz de comprender lo que sucede a su alrededor,  y debe tener suficiente materia gris para poder distinguir cuales escenarios son posibles y cuales escenarios son fantasía.  Lo peor que puede pasarle a un presidente es dejarse asesorar en términos de las debilidades de su personalidad porque con eso terminará siendo ´secuestrado´.

Lo que resulte más grave y cómico, es notar cómo el rol del presidente Morales se está pareciendo al rol que tienen los presidentes en sistemas parlamentarios donde los presidentes son ornamentales.  Inaugurar un puente, un nuevo ´chorro de agua´,  recibir cartas credenciales, viajar…..todo lo anterior lo hace también un presidente en regímenes parlamentarios.  La figura del Jefe de Gobierno, el que comanda la administración pública parece brillar por su ausencia en el caso de Guatemala. La de Jefe de Estado tampoco la ha sabido ejecutar porque no ha logrado unir al país en una sola agenda.  En las pocas ocasiones donde el presidente actúa, termina personalizando la administración de gobierno con su muy parroquial estilo de ser.

El presidente Morales debería comprender que sus acciones ofenden al electorado que le eligió.  De nada sirve que juegue a ser un buen cristiano si resulta, tomó dinero del narcotráfico.  Repartir ´bendiciones ´y que ‘dios lo bendiga´ no ayudan en nada cuando tiene que tomar decisiones vitales sobre la política exterior o realizar cambios en su gabinete.  ¿Tiene alguna meritocracia haber nombrado cual ministro del interior a un bachiller?  No, ninguna, y allí está el resultado en la toma decisiones del actual ministro cometiendo inconstitucionalidades en el nombramiento de cuadros de PNC.  El presidente se encamina de nuevo a la posibilidad de ser desaforado y tener que sacrificar a su ministro de gobernación.

La ciudadanía tiene que reparar en el detalle sobre la importancia de la experiencia política que los candidatos aspirantes a la presidencia deben tener.  Gobernar no es soplar aire, ni contar chistes, ni hacer moralejas.

El presidente se ha metido en un conflicto muy grave y no tiene el colmillo político para ganarlo.

.
.