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¿Inteligencia o irreverencia?

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La psicología habla de la diferencia entre los cerebros masculino y femenino, haciendo notar que el primero se distingue por el razonamiento lógico; mientras que en el cerebro femenino, resalta la emotividad, por una serie de factores; entre ellos, los biológicos y psicológicos.

En torno a la lucha feminista, sabemos que las mujeres que nos antecedieron en tiempo, tuvieron que luchar para que hoy tengamos una serie de derechos, que en otra época jamás habrían podido pensarse para una mujer, como el derecho a estudiar, trabajar, votar, escoger el estado civil y la persona con quien se comparte la vida, etc.  Los cuales, en muchos lugares del mundo, aún no forman parte del ajuar de una mujer para disfrutar de su vida, como por ejemplo, las regiones de África en las que la práctica de la ablación (mutilación) genital femenina, aún tiene cabida en un mundo que de civilizado todavía tiene muy poco.  Una práctica deleznable, que pasa por “inadvertida” a tantas organizaciones internacionales de Justicia, a pesar de que otras varias, como la OMS y la misma ONU, se han pronunciado para intentar que se abandone una salvaje e inútil práctica en pleno siglo 21.

En el contexto de la realidad mundial, también resulta interesante saber que existen tribus actuales con sociedades en las que las mujeres ostentan gran poder, aun cuando pueden ser materialmente mucho más primitivas que la occidental  (por decir que fuera eso a lo que llamaríamos “mundo civilizado”).  La antropóloga Helen E. Fisher detalla en una de sus obras los viajes que varias etnógrafas han realizado al interior de Australia para hablar y convivir con esas  mujeres, y dice: “pudieron descubrir que las mujeres aborígenes politiquean ávidamente en el juego de póquer de los compromisos matrimoniales y que eligen a sus propios maridos cuando alcanzan la madurez.  Es común que tengan amantes…y lejos de ser maltratadas, a veces golpean al marido perezoso con el “bastón de pelea”.  Así, pareciera que las mujeres aborígenes en esta región poseen gran poder.

Para mi sorpresa, el texto continúa sorprendiéndome, pues efectivamente, se menciona el caso de las mujeres Igbo, en Nigeria (1929), cuya lucha les resultó en autonomía y poder económico y político, hasta la llegada de los europeos, quienes en este último caso, asesinaron a muchas de ellas por el efecto dominó que su lucha generó en otros temas, como el de la protesta por los impuestos.

¿Cuál será, entonces, la mejor forma de reafirmar los derechos de las mujeres en el mundo de hoy?  Veamos un ejemplo reciente: A finales del 2017, se divulgó la noticia sobre la selección femenina de fútbol de Noruega, que logró igualar el salario para sus jugadoras con el que devengaban los hombres de la misma selección, que era del doble.  Los jugadores, en un acto de reconocimiento de la igualdad del derecho a una paga justa, cedieron la parte comercial de sus ingresos para sumarlo al salario de ellas, y lograr el balance. Con ello, daban fin a una discusión entre la Federación y el sindicato de fútbol, pues en Noruega la igualdad entre hombres y mujeres es muy importante y, por consiguiente, se consideró de beneficio general y para el deporte realizar esta concesión.  Algo similar había ocurrido en Dinamarca, en donde la Federación aceptó ese arreglo para dar fin a un conflicto que, de no haberse resuelto, habría dejado a las mujeres en situación de inferioridad respecto de sus colegas, en países con mayor índice de bienestar humano.

Tal como anteriormente recordé a Rosa Parks, la sencilla afroamericana que logró cambiar todas las leyes injustas de la segregación racial, con tan solo permanecer sentada y negarse a ceder su asiento a un hombre blanco (con lo cual benefició a todo hombre y mujer de su misma etnia) obligando a la Corte Suprema de los EE.UU. a dar marcha atrás en leyes injustas contenidas en su Constitución,  si de reivindicar derechos para las mujeres se trata, ¿no es acaso un recurso mucho más efectivo la negociación inteligente que la manifestación irreverente?  Porque, para los casos de abuso y de atropello, deben estar siempre los Tribunales.

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