El Siglo

Loas a la tierra y al agua en su día

La Tierra o Gea, este nuestro planeta donde transita el vivir, que determina la biosfera en sí.

Y aquella parcela así alabada, Guatemala, dueña de un hábitat privilegiado, hogar riquísimo en variedad de especies de flora y  fauna. De regiones plenas de vida, surtidas en abundancia por el  agua que conforma sobresaliente hidrografía, con nada menos que 38 cuencas principales, ubicadas en tres distintas regiones del territorio nacional: las vertientes del Pacífico (con 18 cuencas de ríos con curso corto y rápido); del Atlántico, subdividida en las vertientes Atlántico Caribe, hacia el golfo de Honduras  (10 ríos extensos y profundos); del golfo de México (10 ríos caudalosos), entre estos el Usumacinta, el más caudaloso de América Central y que es frontera natural entre Guatemala y México. Hidrografía que representa, en su plenitud, un “capital hídrico” de poco más de 97 mil millones de metros cúbicos de agua.

La interacción tierra-agua ha creado, a través de milenios transcurridos, una bella geografía que pinta paisajes en este pequeño país de Mesoamérica, tan admirados como pocos a nivel mundial. Quizá aquella, asimismo, la causal de la riqueza de literatos de altura y distinción, quienes han cantado con sus letras a la opulencia alucinante del entorno envolvente de montes, lagos, costas y selvas. En ocasión de dedicar pensamientos en estas fechas solemnes, una vez más, hoy no encuentro mejor alusión, que las letras del gran enamorado y profundo conocedor de estas tierras, Mario Payeras: “su situación de tierra firme y a la vez de influjo oceánico, su ubicación afortunada respecto a las grandes corrientes de ventilación del globo, su condensado y alto relieve en plena franja tropical y su virtual lejanía de los centros mundiales contaminados. Las fronteras del país, en realidad, caen en un ambiente natural más vasto: el ámbito boscoso central del Nuevo Mundo…la flora gigantesca que compite por la luz y bombea el vapor de agua-…drenado en el riñón por ríos que en las crecientes arrastran hacia el mar bosques inmemoriales.

El camino es renovar -con la lucidez que otorgan el trabajo y la lucha-… pero a partir de comprender que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente. Guatemala -el minúsculo espacio que por ahora nos toca transformar en la tierra- será un fragmento del mundo…donde… gobernemos los procesos de la flor y el ciclo del granizo.”  (Mario Payeras, “Latitud de la flor y el granizo”, pgs13-14, 90-91, Ed. Piedrasanta, 2006).

Todo un virtuoso entender y comulgar con la naturaleza. ¿Le parece así a quien lee esto?

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