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¡Resucitooooo!

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Siguiendo la lógica de un silogismo, partimos de la premisa de  que cristo resucitó, y si consideramos  la hipótesis de que fuimos hechos a semejanza de Él; permite concluir que todos tenemos la oportunidad de resucitar, si tomamos el concepto subyacente de la razón, por lo que este cuantificador universal, toma el principio que todas las partes de la sociedad, que es el ser humano, puede apropiarte de esta acción divina para vivir de nuevo para corregir sus errores  y renacer para hacer el bien.

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Resucitar debe obedecer al concepto de recrear nuestro ser, de convertir el actuar mal para hacer el bien, lo que  lleva a concluir que tenemos  la esperanza de que es posible, que un pueblo, una comunidad y una sociedad puede resucitar, quitándose las ataduras de la envidia, odio, ambición, egoísmo, violencia, traición, envidia, explotación, impunidad, inequidad, deshonestidad, odio, irresponsabilidad y otro antivalores y convertirlos en valores  para retomar acciones que  nos lleve a la resurrección, y permita  a partir de este momento hacer el bien, convirtiéndonos para  recrear a  una nación en donde cada individuo, como parte de ese todo, la sociedad;  retome el camino correcto que nos ha marcado como la época del oscurantismo o de la muerte que nos invita a resucitar del mal, para encontrarnos con el bien.

Esta época que nos permite practicar las enseñanzas de Cristo se vuelve  vigente, cuando celebramos la resurrección mediante la espiritualidad religiosa, cada vez que cerramos este ciclo del calendario, reflexionamos en este lapsus de tiempo y luego negamos  cumplir  este legado y  vuelve de nuevo la necedad de seguir viviendo en este desorden desenfrenado.

Es momento de no seguir recreando la maldad, por lo que el reto es que las autoridades se olviden la práctica de sus oscuros procederes, que destruyen su autoridad y respeto que se merecen y dejan ser, el reflejo del bien, que la sociedad debe emular, pero,  han caído en ruina, y este es el momento de resucitar y coinvertirse en los hombres y mujeres que necesitamos para hacer una gran Nación.

Hasta la saciedad,  se organizan foros, mesas de dialogo, seminarios, conferencias, grupos de personalidades, discusiones mediáticas, entrevistas y no se concluye en acciones concretas. Al final, estos eventos no contribuyen a minimizar la debacle social en que nos encontramos, por lo que no justifica el costo financiero que se invierte en protocolos mediáticos en elegantes espacios que no logran hacer aportes significativos para corregir el mal.

Para hacer la resurrección de la Nación, basta considerar que los funcionarios se conviertan, resucitando del mal al bien y que respeten las leyes y normas que rigen el comportamiento social; lo que asegura, vivir el verdadero concepto del término  “resurrección” que es el día que inicia la pascua, donde termina el martirio de la pasión y muerte de Cristo, que invita a resucitar  de la oscuridad a la luz,  que es volver de la muerte a la vida para dar  ejemplo, y servir a los demás, que constituye el verdadero significado del término, y para la ciudanía, constituye el reto de recrear el comportamiento del pueblo para reconstruir a la Guatemala que soñamos.

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