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¿Para cuándo la reconstrucción?

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Cuando es para progreso, después de una demolición, obligadamente hay una reconstrucción que se ha planificado.  Hay incertidumbre, porque mientras hemos mantenido la esperanza del cambio de fondo de todo lo que funciona mal en nuestro país, los héroes en quienes únicamente la población ha podido volcar hoy esa esperanza y anhelo de cambio (un fenómeno sicológico justificado de sobra por el caos en que hemos vivido por décadas y la deficiente administración de Justicia), repentinamente éstos aparecieron en sospechosa camaradería con personajes de cuestionada ética, lo que hace justificable el derecho de cuestionar, también, su labor.

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La “recta Justicia” debe de ser como la palabra lo dice: derecha, incólume (según el Diccionario RAE, esto es: “sano, sin lesión ni menoscabo”).  Esa es la Justicia que el país necesita para erradicar males y seguir avanzando.

No todo ha marchado mal, ha habido algunos avances, pero es necesario recalcar que han sido contadas maratones justicieras que luego quedan a la mitad del camino: se emprenden larguísimas investigaciones, se realizan capturas “provisionales”, luego éstas son divulgadas por todo medio audiovisual posible, ruedas de prensa que emulan las cadenas de TV de los años 80, en las que se escuchan dos voces que van narrando lentamente complejos entramados llenos de conjeturas y personajes, que más parecen novelas de suspenso y terror, y uno se queda pensando: ¿Cuánto van a durar estos juicios? ¿Para cuándo los peces gordos que huyeron del país, cuyas supuestas órdenes de aprehensión giradas a la Interpol no surten efecto para que vengan a enfrentar un debido proceso judicial?  Y para quienes están en prisión “preventiva” y forman parte de la enorme lista de sospechosos, ¿cuándo el inicio de un juicio sostenido que lleve a un pronto final, cualquiera que éste sea?  Porque, tanto si culpables o  inocentes, el asunto amerita diligencia.

¿Cuánto va a durar esta quimioterapia socio-económica?  Para mientras: ¿alguien piensa en reconstruir el futuro, ya limpio del cáncer?  ¿Tenemos una maqueta del diseño político que queremos de nuestro país para los cambios que los casi 18 millones de habitantes que ya somos reclama este suelo?

La intuición femenina –como la intuición de marino en altamar, presagiando una tormenta desde lejos– me dice que el camino emprendido puede haberse comenzado a torcer y pudiera ser que no nos lleve a buen puerto, que durará mucho más tiempo del previsto, y mientras la  “operación demolición” de país ocurre frente a nosotros –porque supuestamente se persigue la construcción de uno nuevo– no vemos personas capaces ni de probada trayectoria construir en paralelo la maqueta de nuestro sueño.

Hasta hoy, de todos los movimientos que han surgido a manera de “oferta de cambio”, no hay uno que crea merezca la encomienda del rediseño político, pues todos han sido cuestionados.

Comparto un extracto de un artículo del 13.03.2018, que titulé: “Así creció Suecia” en este Diario.  Suecia ha tenido que rediseñar su estructura social, política y económica (sin que esto último implique intromisión del Estado en lo privado) y, por ser uno de los países con mayor índice de desarrollo humano –que  es lo que todos buscamos— es digno de considerarse.

Dice: “En su Reforma Liberal (1850-1860) influenciada por Inglaterra y un poco Alemania, nadie quedó fuera: fue pro-élite; pro-campesino.  Las medidas “pro” referían mayores oportunidades para todos, promoción de las eficientes escuelas tecnológicas del Estado, e inversión apuntando al progreso…

Conformó un Estado pequeño y eficiente, que cuidó las estadísticas económicas, lo que generó gran  unión en su población; los impuestos se pagaban con gusto a un Estado bien organizado que daba todo por lo cual se le pagaba, eficientemente.  Motivadas, sus élites y la nobleza fueron altamente industriosas y rentistas.  Se promovieron nuevas profesiones para reubicar campesinos dentro de la economía, ante el crecimiento tecnológico que desplazaba oficios agrarios.

Este entorno promovió un sentido de ética del trabajo y conciencia moral (el concepto “Dios vive dentro de cada uno y ve nuestros actos aunque nadie más lo haga”  hace que no se robe ni en público ni en privado)”.

¿Quién está pensando en el futuro?

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