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El fin está cerca, ¡muy cerca!

¿Sabe usted quién es el testigo estrella de la Cicig en el caso contra el general Melgar Padilla? Si su respuesta es un sicario que está preso, acertó. La Cicig es de esas gallinas que siguen comiendo huevos aunque les quemen el pico. De nuevo, la comisión utiliza un testigo de dudosa credibilidad, como lo ha hecho en otros casos que han golpeado muy duro su reputación. De esa manera forza todos sus casos y sin embargo, estos no avanzan precisamente por la debilidad de las pruebas.

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Hay que comprender que el colombiano Velásquez no está realmente interesado en capturar al general Melgar Padilla; lo que realmente le interesa, es debilitar aún más  al Ejército, al mostrar engrilletado ante la prensa a un oficial con una hoja de servicio limpia, que fue comandante de la Base de Tropas Paracaidistas, director de la Escuela Politécnica y comandante de la Guardia de Honor, entre otros cargos importantes.

El golpe no sería principalmente contra el general Melgar Padilla. El golpe sería contra el Ejército de Guatemala en un momento sumamente delicado, en el que la institución armada podría verse llamada a salvaguardar el orden constitucional.

Aunque el proceder del colombiano Velásquez siempre se ha caracterizado por ser rústico, nunca ha sido al azar. 

Para Velásquez es de vital importancia neutralizar al Ejército en un momento histórico en el que la institucionalidad pende de un delicado hilo, que en cualquier momento puede ser cortado por la Cicig, utilizando el control que ejerce sobre la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad. El colombiano y la autodenominada sociedad civil que agrupa a la extrema izquierda, saben que el reciente cambio en la jefatura del Departamento de Estado representa para ellos una dramática reducción del tiempo que les queda como un gobierno paralelo de facto.

De ahí la importancia de la resolución de la sala que la semana pasada, actuando apegada a derecho, resolvió a favor de Álvaro Arzú. Eso acercó al alcalde un paso más hacia el cadalso de la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad, ambas controladas por Velásquez.

El liderazgo de Arzú representa para Velásquez un gran obstáculo ante la debilidad del carácter del presidente Jimmy Morales y, como antes dije, el reloj de la izquierda encabezada por el colombiano camina de manera acelerada, en una carrera contra el tiempo en la que compiten la democracia contra la dictadura judicial.

Todo, absolutamente todo, está concatenado. Desde el circo de mal gusto de Dionisio Gutiérrez y su grupo de empresarios zopencos y cobardes, hasta el amparo que en breve se presentará ante la Corte de Constitucionalidad para modificar de manera arbitraria, y según los intereses de la izquierda, la tabla de calificación para los candidatos a Fiscal General, pasando por la pretendida captura del general Melgar Padilla.

Lo único que no es incierto, es que el desenlace de esta trama está cerca. Muy cerca.

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