El Siglo

Las niñas mártires de la virgen

¡Que yo muera! ¡Qué importa! después de haber recorrido tantos caminos que la vida me ha dado la oportunidad de transitar,  llega un momento en que las suelas de los zapatos anuncian con sus agujeros, que cada día más, los pies se aproximan a la tierra, previendo que más tarde o más temprano se transformarán en el polvo infinito de la nada.

Adultos al fin, hemos trajinado al fragor de distintas temperaturas de ánimo, ilusión, amor, propósitos, frustraciones, ideales, sueños no realizados, ambiciones satisfechas, ofreciendo la vida y muchas veces, y después de provocarla, dejando pasar a la muerte por un lado, que disimulada, nos apacha una de  sus cuencas vacías, advirtiéndonos que más tarde, no en ese momento, nos incluirá en su lista del día.

Le llegó su inesperada notificación hace algunos días a Eduardo Weymann, yo no lo conocí, pero me dicen de él, que se trataba de un hombre ejemplar, talentoso y excepcionalmente honesto y decente. Está claro, que en las incidencias, tan comunes en nuestra Guatemala, de la revancha política, le pagaron sus servicios a la nación, con una injusta cárcel, de esas que se fabrican y se aprueban en los tribunales,  decretadas antes por otros y siempre empujadas por quien desempeña el papel de verdugo de la justicia y cumplido ejecutor de la venganza del poderoso de turno.

Estoy seguro que su partida prematura atravesó, como daga hirviente el corazón de su padre, que de igual nombre, doy fe de conocerlo y haber compartido con él la emoción del andinismo y el calor de las aulas del Instituto Nacional Central para Varones, donde se distinguió por ser un brillante pero sencillo alumno y quien se destacó, porque pulió su talento más que la fama. ¡Claro! lo contradictorio es que el hijo se vaya antes que el padre.

Pero más doloroso es que la partida inesperada, horrenda y delictuosa, sea de niñas menores de edad, despuntando sus vidas, fabricando ilusiones, frustrada su niñez por la suplantación de su guarda y custodia por el Estado, que se las arrebató, justificada o injustificadamente a sus padres, para cuidar sus vidas, cultivar su educación y entregárselas a la sociedad, transformadas en jovencitas preparadas para enfrentar la difícil existencia de nuestras juventudes… pero, contra-natura, se las ofreció a la muerte, forzándola a llevarse sus almas, porque a los cuerpos físicos, les pusieron candados que impidieron su fuga de aquel diabólico crematorio que les fabricaron en la tierra… en lo que debía haber sido, su prometedor hogar y cobijo, encubriendo su nombre en una trampa perfecta para envolver la esperanza: Hogar Seguro Virgen de la Asunción… al que se hubiera podido agregar… Un infierno en la Tierra para alcanzar el paraíso.

Me había quedado de encontrar con el prometedor escritor y activista social Julio Cintrón, un raro ejemplar de ese guatemalteco, en vías de extinción, para quien la palabra patria, soberanía, identidad nacional, cordura política, decencia ideológica y valor para defender y publicar sus principios y valores íntimos, todavía tienen sentido y que en mi caso, son motivo suficiente, para interesar a cualquier observador imparcial como yo, a buscar la oportunidad de conocerlo.

Él había compartido la publicación de una organización social, que invitaba a los ciudadanos a que de riguroso luto hicieran presencia frente a la Casa Presidencial, para manifestar su consternación y protesta por el crimen de la Niñas de la Virgen, transformadas de víctimas de las circunstancias en mártires de la negligencia dolosa y criminal y quedamos de vernos en el paseo de la sexta para sentarnos a tomar un café y comentar del tema.

De tez clara y pelo cano, que por su abundancia denuncia una edad mediana, me reconoció en el acto, quizá notó mi sonrisa al verlo llegar y ya con más confianza me extendió la mano y nos invitamos mutuamente a sentarnos y dar inicio a la conversación: ¿Qué tal la manifestación don Julio? Rompí el hielo interesado por enterarme del resultado de la convocatoria que con el hashtag, así llamadas en el lenguaje de las comunicaciones contemporáneas lo que en español sería numeral (en inglés Hash) y etiqueta (tag en inglés) y que en este caso utilizó refiriéndose a la tragedia la de: #FueElEstado, en directa alusión al responsable de la custodia de las niñas tan dantescamente sacrificadas. -Pues muy numerosa- don Edmundo, me respondió con la certeza reflejada en el rostro – pero más allá del número amplió la explicación, que fue importante- fue la autenticidad en la participación de quienes acudieron de luto a la convocatoria… Esa realidad que se respira más allá de la consigna interesada en hacer bochinche… y expresar con verdadero sentimiento de adhesión al motivo de la invitación y la necesidad de su presencia para hacer sentir el dolor, la pena e indignación frente a ese crimen colectivo de las Niñas de la Virgen, mártires del sistema, que por enésima vez, denota la crisis de todos las dependencias del Estado, ya que no deja Institución sin su cuota de responsabilidad en la tragedia.

Las Muertes de una Negligencia… anunciada, para no parafrasear la obra de García Márquez… sino de una Negligencia Denunciada a todos los niveles que pudieron prever y evitar el trágico desenlace. – Comencemos por la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia que permitió que jóvenes en conflicto con la ley, convivieran en un mismo recinto, con niñas confiadas por la Procuraduría General de la Nación o los Tribunales de Jurisdicción privativa relativa a los menores, aceptaron custodiar la seguridad de su integridad física y debida formación y cuidado, frente a la falta de la tutoría obligada de padres o responsables incapaces de cuidar a las menores, hacinándolas, con adolecentes con otro tipo de perfil, iniciadas ya en actos delincuenciales, que les hacen refractarias a convivir con criaturas internadas por motivos diferentes. No hay excusa para permitir semejante desatino e incapacidad.

La Procuraduría, porque no solo debe trasladar la responsabilidad, sino tomar nota cotidiana de las consecuencias de sus decisiones, tanto como los tribunales, que después de formular una resolución, frente a la falta de instalaciones, envíen a las o los menores a que convivan en un espacio contradictorio y en peligrosa colisión con las causas de su reclusión.

El Ministerio público, porque ha aceptado, que en sus muy temidas instalaciones, existían denuncias de abusos y excesos, vinculadas incluso, con la demencial denuncia de trata de menores, que se hizo pública en su oportunidad por intermedio de la prensa nacional y que hubiera sido motivo suficiente para actuar en consecuencia con la mayor celeridad, ordenar corregir de inmediato las condiciones y proceder penalmente en consecuencia para frustrar las causas propiciatorias, de semejantes actos reñidos con cualquier parámetro de reclusión de menores, que sin forma de gritar su agonía, se perdían sus sufrimientos, en los expedientes que no forman parte del interés de la institución cuya fundamental misión es perseguir el delito y procesar a los responsables.

La Procuraduría de los Derechos Humanos, don Edmundo –continuó- que ha hecho de su sesgada incompetencia, un ritual de recomendaciones que van y vienen y al parecer principalmente sirven para procurar romper el espíritu de la Constitución que le dio la vida a esa Procuraduría y que más parece un matricidio jurídico que le parte el texto a quien inscribió su partida de nacimiento.

¡Así es el tamaño de las ambiciones, el entreguismo y el oportunismo disfrazado de trabajo… apreciado don Edmundo!- hizo una pausa. Don Julio, a quien leo de manera cotidiana en sus valiosos y valientes comentarios. Parecía cumplir con el perfil que yo me había imaginado: directo, franco, informado y lo más sobresaliente dadas las circunstancias imperantes en el país… particularmente valiente -Los tribunales, prosiguió, al parecer de Paz, que no accionaron de inmediato, ante la petición que afirma el Secretario de Bienestar Social, les hizo para que autorizaran el traslado de las internas, en conflicto con la ley. Pues es evidente que incurrieron con sus resoluciones, escritas o de hecho, en el delito de prevaricato e incumplimiento de deberes y la Supervisión de Tribunales, ya debiera estar sobre el caso para evitar que sigan haciendo daño a la población por su incapacidad e ineficiencia.

-En fin don Edmundo este es el panorama con el que amanecemos los guatemaltecos todos los días. Los mareros protegidos por los derechos humanos, y las niñas internas desprotegidas por los izquierdos humanos. ¡Vaya Paradoja! ¡la ideología servida por el Estado, para desvencijar al Estado! -Esa fue la naturaleza íntima de la manifestación don Edmundo, me afirmó con convicción don Julio. Condenar la herencia de la corrupción del Partido Patriota… las secuelas de la falta de dirección… la ausencia de jerarquía y de mando… la distorsión de la finalidad del Estado… Vea usted… los patriotas nos obligaron por corruptos y delincuentes a tolerar la intervención… los movimientos populares de abril… nos enceguecieron haciéndonos pensar que habíamos recuperado la dirección de nuestro destino… y aquel barco sin rumbo y en proceso de hundirse fue rescatado, poniéndole parches, por barcos extranjeros que tomaron posesión y se hicieron capitanes de la nave y nos dejaron de marineros rasos, sin decisión y con obligación de temer y respetar sus órdenes… no sé, don Edmundo- trascendió tristeza en su reflexión – si hubiera sido mejor que se hundiera el barco y aunque fuera nadando llegar a nuestras costas –don Edmundo – a nuestra tierra con olor a Guatemala y sintiéndonos dueños de nuestro entorno, aunque no tuviéramos barcos.

Ahora los barcos y capitanes, tienen otras banderas y nosotros como marineros, salvo a los que hicieron oficiales de mandos medios comprando su sumisión y bien pagados, o los oportunistas de todos los tiempos, una importante mayoría nos resistimos a servir de lacayos, no obstante que, como guatemaltecos pareciera que nos cuesta entender y reaccionar frente a nuestra precaria realidad… ¡Nos tienen confundidos! … haciendo el papel de ¡Tontos útiles! que describiera el denostado líder comunista Carlos Manuel Pellecer, al renunciar a esa ideología, en su célebre novela “Útiles después de muertos”.

Sabe don Edmundo –como usted las bautizó, ¨Las Niñas Mártires de la Virgen¨ pueden ser el inicio del final de nuestra tragedia nacional- certificó con vigor el espíritu de su convincente conversación. No entendí del todo su reflexión premonitoria. Pero me interesé en explorar con otras gentes el fondo de su visión, para ver si coincidía con las opiniones de algún otro protagonista. Para mí quedaba claro, que el tema del sacrificio de Las Niñas Mártires de la Virgen, no quedaría como un hecho más, como muy enojada decía la joven periodista licenciada Kimberly Estupinián, hija de mi recordado amigo don Mario Estupinián, fundador y conductor inolvidable de Radio Faro Aviateca y su permanente franja de música clásica tan ausente de nuestro dial radiofónico y de su amada y eterna viuda… Irene… fiel hasta después de la muerte… que al referirse al tema, con la energía y valentía de la juventud afirmaba, entre otras muchas cosas y nos encaraba… ¨Ya dejemos de mentirnos y buscar culpables, ¡ya basta de dar clases de mora! Ya basta de ser hipócritas y tontos ¡NOS VALIÓ MADRE A TODOS! ¡ESTE PAÍS NOS VALE MADRE A TODOS! ¡No nos cansamos, dormimos en paz y olvidamos! ¡Nos hacemos los ciegos en los semáforos, nos hacemos los sordos en los parques y nos callamos ¡TODOS LOS DÍAS! Toda la sangre que corre cada día ¡NOS IMPORTA UN PEPINO! estamos cómodos AQUÍ, luchando por ver quién tiene la razón y quién busca mejores palabras. ¡Nos agredimos unos a otros y ¡NOS SIGUE VALIENDO MADRE! ¡Todo se nos olvida, todo lo hacemos HUMO¡ las investigaciones en contra de este hogar LES DIMOS LA ESPALDA, a estas niñas las condenamos TODOS.

A mi querida Kim, la conozco desde que era una bebé, el orgullo de su padre y de su madre, junto con su hermana Vanessa. Canchita, con sus hermosos ojos claros, herencia de doña Irene, fue por ser la más pequeña, la consentida de don Mario, aquel periodista de voz profunda y sonora que luchó por acercarnos a través de la radio, a Bach, Beethoven, Mozart, Chopin, o Brahms, antes de que nuestro oído se aficionara por la quebradita, el corrido norteño, la banda, el chicotazo, el meneíto y se nos olvidara hasta la marimba, con toda esa música que nos alegra el cuerpo y despeltra el espíritu.

¿Por qué me llamó la atención la proclama de Kimberly? porque es una jovencita, auténtica representación de una nueva generación, con conciencia cívica, sin militancia política pero con evidente espíritu revolucionario, propio de su edad, llena de convicciones, pero sin militancia sectaria. Seguramente fue de las sanas participantes de los movimientos de la Plaza, seguramente participaría de cualquier convocatoria ciudadana pero sin llevar consignas… quizá sin ideología pero sí con ideales… Me imagino a su padre escuchando la emocionada arenga de su hija, y yo emocionado a su lado, satisfecho de trasladar la estafeta a esa juventud, auténticamente joven, sin malicias, ni componendas, que rechazan la corrupción con la misma energía que, sin entender las razones de la intervención, aplauden la persecución de los delincuentes, pero se afirman amantes de su tierra, de una identidad nacional que nos envuelva a todos, que rechaza la guerra, la confrontación, la venganza y la anarquía y ama la libertad.

Esa juventud que reclama su propio destino, que intuye la manipulación cuando se disfraza de legítima aspiración colectiva. Que no acepta una confrontación que no nació con ellos, pero que se las contaron sus padres, pueda retornar a envenenar sus corazones y sea bandera para dividir al país, perder nuestra soberanía y heredarles una tierra donde no se podrán encontrar nunca.

Larga mi meditación, hoy que nuestra bandera ya no estará a media asta, por haberse cumplido el término del luto oficial… aunque pienso que si tres días fueron por Las Niñas Mártires de María… se debiera quedar más tiempo así, por su propia honra, para que nunca la vuelvan a poner en el lugar menos importante, de acuerdo con el protocolo que regula su posición en los actos oficiales.

Nunca más, en posiciones subalternas ante banderas extranjeras, en su propia nación. Que siga a la mitad de la altura que le corresponde… en tanto recuperemos nuestra dignidad nacional, nuestra soberanía territorial y política y no nos amenace la sensación de sentirnos extraños en nuestra propia y amada Guatemala.

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