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Guatemala tiene nombre de mujer

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No es casualidad que el nombre de nuestro país tenga un nombre femenino. Esta tierra tan mágica y maravillosa, como lastimada y herida, guarda múltiples elementos de similitud profunda con el carácter de las mujeres. Nadie es tan frágil ni tan fuerte como una mujer: Cómo esa mujer pequeñita que, bajo el sol del mediodía, envuelta en un perraje, lleva a tuto al milagro de la vida, que con ojos curiosos contempla el mundo, mientras su mamá busca el sustento. Ningún ser dotado de la máxima ternura y la máxima fortaleza, como la madre que en mitad de la madrugada espera ansiosa a sus hijos con un beso y el chicote en la mano.

En la claridad del paisaje guatemalteco, parece reflejarse la mirada de la madre que espera a sus hijos ausentes, gracias a la necesidad que les obligó a emigrar lejos de sus brazos amorosos. En la noche guatemalteca, aparecen las oraciones de las mujeres guatemaltecas que rezan para que todos sus hijos vuelvan al hogar sin ser una estadística mortal más de la violencia o la tragedia.

La mujer guatemalteca ha dado muestras de ser un ser humano excepcional. Provista de un talento natural para hacer de tripas corazón, se ha visto maltratada y lastimada, al igual que la madre tierra y, no obstante el gran dolor que ha padecido, su sonrisa permanece inalterable, como el atardecer sobre el lago de Atitlán.

En el Día Internacional de la Mujer, honramos a todas las mujeres guatemaltecas que con sus almas maravillosas tiñen del color de la bondad y la nobleza el tejido social de este país, que tradicionalmente les ha restado oportunidades y las ha mantenido apartadas del desarrollo. Sin embargo, la mujer es capaz de sobreponerse a la adversidad de manera extraordinaria.

Ha sabido ir ganando a pulso espacios que el machismo y la exclusión le ha negado, en el ejercicio legítimo de una batalla por sus derechos. Nuestra sociedad se fortalecerá, paulatinamente, en la medida en que seamos capaces de aprender del tenaz esfuerzo de las mujeres trabajadoras y decentes que conforman el gran tesoro de nuestro país, y el amor con el que contribuyen a diario en la tarea por construir una mejor nación.

En su día, es preciso honrar la memoria de todas las mujeres que han formado parte de nuestra vida: nuestras abuelas, madres, hermanas, amigas, compañeras de labores, y agradecer desde el fondo de nuestro corazón por inundar de luz y amor los corazones de todo un país que las necesita, diariamente, en la construcción de una nación libre, justa y solidaria.

 

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