El Siglo

Se siguen comiendo “El Naranjo” con todo y cáscara.

Hace algunos meses escribí con mucha tristeza y frustración sobre este tema, dado que de patojo solía recorrer estas áreas corriendo y en bicicleta en lo que sin duda era un tesoro natural, sin embargo en la actualidad cuando escuchamos El Naranjo, se vienen a la mente ya solo desarrollos inmobiliarios, centros comerciales, bodegas, y caos vial,  poco se sabe que dentro de las tierras altas del valle de Guatemala, se encuentra el sitio arqueológico Naranjo, llamado así debido a que existió una finca con ese nombre.

El Diccionario Geográfico de Guatemala, reporta al sitio arqueológico Naranjo describiendo que “se encontraba en la base del cerro de este nombre, entre la zona 7 de la a ciudad de Guatemala, cercano a la finca San José Naranjo y la colonia Bethania”.

En el 2005 inició el proyecto de rescate del sitio arqueológico Naranjo, en el cual se realizaron excavaciones e investigaciones enfocadas en conocer  su historia  y en el cual se encontraron impresionantes esculturas de representación antropomorfa,  zoomorfa y la mezcla de ambas que hace referencia a prácticas ancestrales.  No obstante los bastos resultados de dicho proyecto, el mismo se finalizó en  2007.

El área donde se sitúa este sitio arqueológico, fue hasta hace 30 años, un área  montañosa y volcánica, donde alternaban  valles muy fértiles, barrancos y mesetas,  en este lugar existió el  río El Naranjo desagüe de la también desaparecida Laguna El Naranjo.

Pero hace unos 20 años, en nombre del  mentado “Desarrollo”,  la construcción de un puente vino a cambiar  el paisaje del lugar, donde hubo bosque ahora hay casas, plazas comerciales y donde corrió agua ahora corren automotores sobre ríos de asfalto.

A la tala inmoderada de árboles debe sumarse la cantidad de material para construcción que se extrae de los cerros llegando al punto de eliminarlos completamente del mapa.  La Municipalidad de Mixco debe reflexionar sobre la estrategia de Desarrollo para sus vecinos, es urgente la realización de un  plan de ordenamiento territorial de este municipio vinculado a buenas prácticas de sus pares vecinos, prácticas como los cinturones ecológicos promovidos por la Municipalidad de Guatemala.

Debe crearse una estrategia específica para El Naranjo, sumada a la basta riqueza de su zona arqueología, ponderar la cantidad de servicios eco sistémicos que este bosque aporta, como la captación y filtración de agua, la mitigación de los efectos del cambio climático, la generación del oxígeno y asimilación de diversos contaminantes, la protección de la biodiversidad, la retención del suelo, el refugio de la fauna silvestre y la belleza escénica entre muchos otros.

Aunque es bastante tarde, aún es tiempo que los vecinos se organicen y exijan de las autoridades municipales, departamentales y nacionales el cuidado y la preservación de lo que está quedando de esta área, pues es urgente que se detenga el avance de la deforestación y la proliferación de proyectos inmobiliarios.

Seguramente todos conocemos casos como este y hemos sido mudos testigos de la desaparición de ríos, cerros y hectáreas de nuestro sagrado bosque.  Que Dios nos perdone,  porque la naturaleza no lo está haciendo, sino que lo digan las sequías y demás fenómenos que estamos afrontando.

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