Home > Columnas > “CICIG precisa cautela extrema”

“CICIG precisa cautela extrema”

///
Comments are Off

Esta semana fue noticia la conformación del “Frente Ciudadano contra la Corrupción”, misma que fue reportada por diversos medios.  Una agenda mínima de tres puntos define su existencia: 1.  Apoyar la continuidad del comisionado Iván Velásquez al frente de la CICIG y velar porque la fiscal general, Thelma Aldana, concluya su periodo constitucional en el MP.  2.  Fiscalizar la elección del sucesor de Thelma Aldana, para que el proceso sea transparente.  3. Reconocer el respaldo de la comunidad internacional en el combate de la corrupción e impunidad.  Hasta aquí, todo suena bien.

.

Es de reconocer que la oposición que ha tenido el trabajo de esta Comisión tan particular pero tan necesaria en Guatemala, ha sido enérgica y constante en su trabajo.  A título personal, creo que varios opositores no siempre han sido veraces en su crítica y, en más de alguna ocasión, quienes promueven y quizá hasta patrocinan a los grupos contrarios, pensé, son probablemente quienes temen que la mano gigante de la Justicia les caiga con todo su peso.

Como ciudadana y agradecida por este espacio de expresión, consciente como  ciudadana común de Guatemala, he tratado de utilizarlo de la forma en que pienso pudiera ser útil (al menos no estorbando) para que nuestro país se encamine hacia la mínima decencia política, y por consiguiente, social y demás, que traería el cambio en nuestras caducas instituciones primarias encargadas del buen funcionamiento de la vida en sociedad.

Como articulista de opinión, he intentado enviar llamados múltiples a la cordura, a la consciencia moral y ética que pueda quedar en las personas de nuestro país y en las instituciones (aún en los momentos de mayor revolución y confusión), opiniones que muchas veces han sido contrarias en parte o totalmente a la línea editorial de este generoso medio que, aun así, me ha garantizado no solo el espacio, sino que jamás ha censurado ni un punto ni una coma de mis escritos, lo cual es básico para el buen desarrollo de la vida dentro de una verdadera República.

Tomar una postura en medio de tantas críticas, amistades con intereses, con “colas machucadas”, con puntos de vista contrarios, no es fácil; sin embargo, he creído que Guatemala ya no puede sola, y por eso he apoyado abiertamente el trabajo de CICIG, no sin hacer ver en algunas oportunidades también, la necesidad de acelerar los procesos y de escuchar el clamor de nuestra nación en algunos puntos vitales.  Ser objetivo en medio de una sociedad dividida, en la que solo se permite escoger entre el “bando de los buenos” y el “bando de los malos”, no es fácil, mucho menos si la opinión personal quedará plasmada quién sabe por cuánto tiempo.

Después de las publicaciones de los hechos de esta semana, entro en materia puntualmente:

Una manifestación de apoyo abierto a CICIG quizá hacía falta, pero pienso que no debe incluir a la misma CICIG. Ese lugar corresponde exclusivamente a los ciudadanos, y viene siendo, en cierta forma, una especie de garantía para toda la nación el que ellos, como institución apolítica, permanezcan en la distancia en un papel exclusivamente técnico, que nos garantice la imparcialidad. 

Principalmente cuando personajes de muy dudosa reputación se les acercan para tomarse la foto.  Ruego que, por favor, presten atención, no se dejen usar.  Quiero pensar que el señor Iván Velásquez y la señora Thelma Aldana han sido ingenuos, nada más.  No quiero que mis esperanzas por una mejor Guatemala se desmoronen.

CICIG no debe, en mi humilde opinión, asistir a actos promovidos por particulares, porque ello los compromete al poderse tratar de personajes altamente cuestionables (y no me refiero a los periodistas, que son en quienes únicamente confío la buena voluntad) y que, de un día para otro, resultan –misteriosamente-  los “paladines de la justicia” (minúscula a propósito).

Cabe enmendar de alguna forma y aclarar por CICIG, que ésta no se debe a “poderes ocultos” que campean rampantes desde tiempos históricos.  Que otrora apoyaron y financiaron presidentes nefastos, por ejemplo, que precisamente CICIG destapó y apresó.  Errar es de humanos; corregir, de sabios.  Es urgente que procedan en este sentido porque sus fotografías comunicaron un mensaje sin palabras, y el peligro latente es que se genere confusión, desencanto y decepción, se acabe la esperanza y se siembre la duda de toda esa parte de la población, grande, que seguimos apoyando la aparente y única alternativa de un poco de cambio que se ha vislumbrado en el horizonte para nuestro país, y que seguiremos apoyando, toda vez se demuestre fehacientemente que la confianza no será traicionada.

.
.