El Siglo

Educación y valores

Recientemente se señalaba la necesidad para el país de educar en valores y lo centraba en la familia. Y señalaba que ese educar en valores ayuda a cimentar la persona íntegra, fomenta para ellos un buen futuro, también para la entera sociedad. Y que esta educación en valores es un trabajo en familia.

Ciertamente para el desarrollo del país se insiste correctamente que debe impulsarse la educación, tener así jóvenes técnicamente capacitados, que son quienes construyen el país. Aunque hay un punto previo: para hacer una sociedad desarrollada, con la educación deben lograrse buenas personas, además de buenos técnicos. Educar profesionalmente es, sin duda, algo completamente necesario para tener una eficaz sociedad; pero está abocado al fracaso, si la calidad moral de las personas decae. Por ello es conveniente recordarse de los 3 pilares básicos de la educación.

El primer pilar es que se ponga especial esfuerzo en fortalecer la familia y, más concretamente, en facilitar a hombres y a mujeres conciliar trabajo y vida familiar. La vida familiar es determinante, lo que se aprende en el hogar queda indeleble en la personalidad. Y por ello los padres deben mantener una clara intencionalidad educativa, ir moldeando los aspectos morales de sus hijos.

Otro pilar básico para lograr una educación integral -buenos profesionales y buenas personas- es la escuela. Sin olvidar que ésta actúa aquí colaborando –no supliendo – la educación moral que pretenden los padres. Concretamente, los profesores deben proponer un mundo coherente de valores aceptados en el ámbito familiar. Si, por ejemplo, se diera una educación sexual contraria a nuestros valores, ya no se prepararía buenas personas, además de hacer un fraude a los padres, primeros educadores.

Y el tercer pilar educativo que en el momento actual tiene una especial relevancia educativa son los productos elaborados por la industria del entretenimiento. Es un hecho: los niños, adolescentes y jóvenes moldean su personalidad, en gran medida, a través de televisión, videojuegos, internet, videítos, música… que les llegan masivamente. La industria del entretenimiento debe estar consciente –y la sociedad exigirle- que debe integrarse en la labor educativa de la familia y de la escuela. No se trata de que el mundo de la ficción se llene de historias edificantes; simplemente que sus productos no sean contarios a los valores y que, en lo posible, los promuevan.

Dicen algunos que la educación actual es más difícil que antes. Lo cierto es que si es más compleja, porque es fundamental conseguir que la educación moral básica que reciben en la casa, en el colegio y de los proveedores de ficciones vayan en la misma línea. Las escuelas pueden ayudar mucho a los padres para ser más eficientes al educar a sus hijos; pero deben recibir el apoyo y la colaboración de los padres: es su derecho y su obligación. Igual que la industria del entretenimiento.

El futuro de la educación es nuestro futuro, no podemos estar pasivos o dejar este tema en manos de otros.

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