El Siglo

Formación laboral para jóvenes

Los jóvenes guatemaltecos enfrentan una situación complicada.  Hay escasas oportunidades laborales y limitadas esperanzas de acceder a una educación integral de calidad.  Solamente una cuarta parte de los jóvenes logra ingresar al ciclo diversificado del nivel medio.  Hay más de 800 mil jóvenes fuera de la escuela que carecen de las competencias, habilidades y destrezas para continuar una carrera universitaria o lograr la inserción laboral.

Muchos jóvenes de los departamentos permanecerán en sus comunidades con una ocupación en el sector informal que les generará la mitad o un tercio del salario mínimo.  Otros decidirán partir a otras latitudes en busca de una remuneración mayor; no les importará trabajar muchas horas diarias, porque el incentivo es ganar mucho más de lo que pueden lograr si se quedan en Guatemala.  La situación no es halagüeña, sino por el contrario es motivo de gran preocupación desde el punto de vista de las políticas públicas.  Las organizaciones cooperantes se han dado cuenta de esta bomba de tiempo que representan los jóvenes sin preparación y sin trabajo.

Como un intento de responder a esas inquietudes de la juventud y de los empleadores que requieren talento humano para contratar en sus iniciativas productivas, surge el Sistema Nacional de Formación Laboral, SINAFOL, que se define como una estructura de gestión y articulación de recursos públicos y privados que busca la vinculación de instituciones que permitan proporcionar a las personas la formación laboral idónea para su inserción en el mercado productivo.

Entre los objetivos del SINAFOL se encuentran: a) Mejorar la calidad de la formación técnica laboral en el sistema educativo nacional, b) Articular la oferta formativa y la demanda productiva, c) Generar vínculos y alianzas con el sector productivo del país para mejorar la competitividad nacional, d) Diseñar ofertas de formación con enfoque territorial y que respondan a las demandas productivas, e) Certificar competencias laborales, adquiridas por la vía formal o a través de la experiencia empírica, f) Normar y garantizar el proceso de certificación de competencias laborales. Y los procesos asociados de Acreditación de la experiencia, del contrato de aprendizaje, así como los procesos asociados.

Es una gran noticia el lanzamiento de este sistema, que no dudamos podrá traer beneficios para las empresas y organizaciones productivas, para los oferentes de educación y capacitación técnica, así como para las entidades de gobierno.  Pero, los principales beneficiados deben ser los jóvenes, que accederán a la formación laboral, sea técnica o en destrezas y competencias blandas.  Estas incluyen la responsabilidad, puntualidad, flexibilidad para adaptarse al cambio, capacidad de trabajar en equipo, dominio de la tecnología, idioma inglés y habilidades para ser emprendedores.

La gran duda no es el documento técnico que está muy bien formulado, sino la implementación de las estrategias y acciones.  Las interrogantes pasan por la capacidad del Ministerio de Educación para innovar los sistemas con efectividad, introduciendo las mejores prácticas en los centros de formación.  Lanzo algunas preguntas para continuar con la discusión del tema: ¿Quién va a estar al frente de la gestión de los centros educativos para que sean de primer mundo y dejemos atrás la educación tercermundista? ¿Podemos traer profesores o formadores de otros países? ¿Le vamos a apostar a las carreras centradas en TICs y a la enseñanza de idioma inglés que genera mucha inserción laboral?  ¿Cómo vamos a lograr que el proceso camine a paso acelerado?  La respuesta pasa por una hoja de ruta con plazos concretos y tener actores comprometidos en cada sector que lleven a cabo las acciones esperadas sin perder ni un minuto. ¡Los jóvenes no pueden esperar!

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