El Siglo

Oda a los buenos Jueces

Cuatro características corresponden al juez: escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.  Sócrates.

¡Hoy es cuándo Guatemala más los necesita!  Es justo y necesario recalcar la existencia de los buenos jueces –que, indudablemente, no serán pocos– trabajando con enorme dificultad pero con dignidad dentro del sistema de justicia de Guatemala, en gran parte cooptado por la corrupción, lo cual hace de su mérito algo todavía más loable.

Aquellos que, día a día, enfrentan la monumental responsabilidad de resolver casos cuyos fallos llevarán consigo, para siempre, el destino de una persona, de un alma, así como la de sus familiares y lo mismo en cuanto a la contraparte procesal; sumado a todo el entorno psíquico, civil, laboral, económico y, en general, social, de los seres humanos cuyos actos son llevados ante su conocimiento.

Conocí algunos seres humanos de gran valía con esta profesión o alguna muy similar, pero con distinto nombre, a quienes indudablemente el conocimiento de una injusticia, el atropello al prójimo, el menoscabo de la dignidad de un inocente y de una persona en situación de desventaja, les corroe la paciencia, les indigna hasta las entrañas y les hace tomar conciencia de que, en otra oportunidad, bien pudieran ser parientes suyos los necesitados de recta Justicia, o bien, ellos mismos.

Su trabajo por sí mismo no es fácil, no sólo por el hecho de que fallar sabia y justamente no es tarea para cualquier alma, sino porque la oposición que seguramente encuentran dentro de los trámites procesales en otros escritorios que participan en otras tareas dentro del complicado engranaje de aplicación de justicia con que contamos, les ha de superar en número y, además, en estratagemas para hacer los procesos más lentos o procurar su estancamiento, quizá obedeciendo a otros patronos, distintos de las justas causas, de un mínimo de moral, y de nula sabiduría ni conciencia de la vida; mucho menos que estén en concordancia con las leyes aplicadas con ética, conocimiento pleno de éstas ni con los justos fallos.

Se puede decir que el llamado de un juez es un llamado divino para hacer el bien sobre la Tierra, toda vez que el concepto de ley natural se fundamenta en derechos inalienables con los que se nace por causa y mandato de un orden superior al terrenal, lo cual dio vida a los primeros cuerpos legales existentes sobre la Tierra desde la época antigua.

Los fallos de todo caso que tengan en sus manos serán objeto de un juicio histórico posterior a la etapa que hoy atraviesa Guatemala. Si los fallos han sido aplicados conforme a la Ley, la ética y la razón, se habrá hecho recta Justicia.  Si éstos hubieren sido politizados, alterados, magnificados o minimizados de cualquier forma, las generaciones que vengan seguirán escuchando y perdiendo el tiempo en las aulas de la escuela no sólo porque hubo una guerra civil de más de 30 años que aún no termina de resolverse y que tiene partida a Guatemala en dos fuegos, sino que, además, será necesario recurrir a una especie de nuevos juicios a futuro, para enmendar la plana a todos aquellos que no hubieren actuado conforme a Derecho, razón, ética y deontología profesional, haciendo imposible la continuidad del desarrollo de nuestro país.

Así las cosas, son los rectos jueces y magistrados los llamados ¡hoy! a ser lo que dijo el abogado, político, escritor y filósofo romano, Cicerón: “El Magistrado es voz de la Ley; la Ley es Magistrado sin voz”.    

Se necesitan buenos jueces: éticos, independientes, capaces, valientes, letrados y honestos, porque son quienes tienen en sus manos el destino no sólo de gran cantidad de personas, sino el destino histórico de Guatemala y la pronta posibilidad de avance sobre tierra nueva, fresca, abonada para dar paso al crecimiento de nuestra y de las nuevas generaciones, que sólo mediante sus buenos fallos habrán de poder refundar un país en el que valga la pena nacer, crecer, trabajar, amar y morir.

¡Adelante!  No desmayen…su nación los necesita.

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