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El nuevo mundo será diferente al viejo

Siempre recuerdo las palabras de Aldous Huxley, especialmente cuando se trata de discutir del futuro de un pueblo como Guatemala. Un país fantástico, en que el realismo mágico es solo un sueño. Mientras Estados Unidos, los líderes de la zona europea, Rusia y China se disputan el liderazgo en la construcción de un mundo nuevo, Guatemala ya empezó. Este pequeño país que durante la colonia fue uno de los centros culturales de la región, hoy se presenta como el primer país del nuevo orden mundial.

Es el país en donde existen dos gobiernos paralelos, difusos, mágicos. Por un lado, el gobierno institucional, generado por la constitución de la república y las leyes; con un presidente que toma decisiones que nadie respeta, con un congreso que no logra construir una sociedad gobernable y una ciudadanía que duda de su nacionalidad. Junto a este gobierno se alza otro, transnacional, en donde el poder ejecutivo lo ejerce una embajada, el poder judicial lo ostenta un organismo de naciones unidas y la unidad nacional es vigilada por congresistas norteamericanos. Ni los mejores novelistas latinoamericanos pudieron imaginarse un mundo ideal de esta forma.

Será que la reconstrucción de la nueva Guatemala nos dará como resultado un nuevo mundo feliz, que será exactamente igual al viejo. Sus defectos como obra de arte serán considerables; para corregirlos sus habitantes tendrían que reescribir la historia, generando un país democrático, competitivo, amante de las especies de la naturaleza y con visión de convivencia equitativa. Sí, Huxley dice bien, hay que evitar las faltas y la confrontación constante que nos caracterizan; tenemos que aprender a convivir, respetar y tener cariño por los que piensan radicalmente diferente a nosotros. Es difícil obviar las faltas y dejar a un lado algunos de los méritos de nuestra historia.

Guatemala tiene la tarea de construir un sistema democrático sobre un sistema económico competitivo basado en la educación, la tecnología y la pequeña empresa masiva. Estamos ante una tarea inconclusa de los años 50 del siglo XX. En Davos, hace un par de semanas, los líderes mundiales discutían como el actual sistema se tambalea y cómo y quién puede reorganizarlo hacia las siguientes décadas.

Existe una paradoja mundial. Allí se dijo el mundo experimenta niveles de prosperidad y conectividad sin precedentes, en parte al efímero triunfo del liberalismo democrático que emergió de la guerra fría. Sin embargo, la prosperidad económica se tambalea ante la falta de valores, en la protección del ambiente y la paz social.

Ojalá Guatemala pueda aportar una visión de paz, equidad y justicia en el corto plazo.

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