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Sobre la puntualidad

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Lord Michael Bates llegó minutos la sesión del Parlamento británico en que respondería preguntas que como Ministro para el Desarrollo Internacional le formularía un colega de la oposición. Su reacción inmediata fue presentar su renuncia. Los miembros del parlamento –incluida la interpelante— y el Primer Ministro estuvieron de acuerdo y no le fue aceptada. Hasta donde conozco, al día de hoy continúa en su cargo. (The Guardian, 31.01.18).

Si de puntualidad se trata, recordaré una anécdota personal, ocurrida en el acto inaugural del Congreso Jurídico “Luis Emilio Anzueto” en la Ciudad de Antigua Guatemala (el primero en celebrarse después de proclamada la Constitución Política de la República de Guatemala). Al acto, cuyo inicio se programó a las 08:30 horas, puntualmente concurrió el Presidente de la República Vinicio Cerezo Arévalo –invitado en su calidad de abogado colegiado y de Presidente de la República— tradición gremial que inició en el Congreso Jurídico que en 1967 tuvo como invitado y orador al abogado y Presidente Julio César Méndez Montenegro.

Presentes todos los oradores –incluido el Presidente de la Corte de Constitucionalidad, Edmundo Quiñónez Solórzano— y con la notoria ausencia de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y otros de la Corte de Constitucionalidad (porque tenían designados sitios de honor).

A la cortesía debida a la puntualidad de todos los presentes sumábase el debido protocolo; y pese a las objeciones de algunos miembros de la Comisión Organizadora, la ceremonia se inició a la hora en punto. Me tocó dirigirla actuando como Vicepresidente en funciones por el inesperado deceso de Luis Emilio, ocurrido días antes.

El acto se desarrolló normalmente y a los discursos de orden se sumó el del Presidente de la República de Guatemala. Todo sucedió en una hora, más o menos. Concluido el acto pasamos a una pausa para degustar un café y en esto estábamos cuando ingresaron, un tanto “mosqueados”, los magistrados de la CSJ y algunos de la CC. Una de las excusas vertidas no pudo ser más vernácula: “el Presidente de la República siempre llega una hora tarde”, dijo uno de ellos. Ignoro si me lo dijo con ironía o como reclamo…

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