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“En tu nombre seremos ricos”

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COLUMNISTA

Hablar de la creencia en Dios siempre es difícil, porque, finalmente, es un tema del ámbito de la voluntad y del entendimiento personal. Principalmente, cuando la posmodernidad se ha hecho presente y ha venido a dar vuelta a la mesa y ha generado cambios.
Dentro de esa “nueva conciencia” está en boga ser ateo; es decir, el creer que no existe un Dios como ser ni autoridad suprema de la creación, otra postura, la cual, quien así lo desee, tiene el derecho de adoptar sin ser molestado por ello, así como lo tiene aquella otra parte de la humanidad con la creencia opuesta y que mantiene su fe, practicando una determinada religión.
Lo que resulta inadmisible ¡francamente! es el uso abusivo del término “Dios”; el abierto manoseo de la fe, la usurpación de calidades que conllevarían necesariamente cualidades morales y virtudes imposibles de adquirir por mera “ósmosis”, ni por la magia de la respiración de su incienso ni cosa parecida, y sin las cuales sería imposible decirse o llamarse un practicante –ni mucho menos un modelo—de valores que distan abismalmente de ser sus verdaderas cualidades personales.
Me quiero referir a dos casos concretos en este aspecto: primero, el video difundido en Internet que mostró a la esposa del candidato presidencial de Costa Rica, Fabricio Alvarado, Laura Moscoa, expresándose en “lenguas” (hebreas, supuestamente, aunque sólo ella sabrá qué dijo) en enero; un video de 55 segundos que, en lugar de inspirar la paz de Dios y la serenidad del Espíritu Santo, lo que transmite es inquietud, molestia, indignación y pena ajena.
Con el respeto que personas que no conozco pueden merecer, creo que estas acciones están muy alejadas de la genuina fe judeo-cristiana. La señora Moscoa desconoce verdaderos preceptos bíblicos de tal índole, pues Dios, a quien ella invoca, en una supuesta calidad de “pastora y profeta”, es, primeramente, promotor del orden. Incluso dentro de los templos cristianos y evangélicos, existen reglas y mandatos bíblicos que deben seguirse con disciplina, para no dar pie a falsedades. Además, porque los asuntos de la fe cristiana no son un circo.
Segundo, la asistencia de Jimmy Morales a “desayunos de oración”, cuando su conducta no es coherente con lo que pretende predicar en varios aspectos que no termina de explicar a los ciudadanos guatemaltecos, a quienes debe su actuar las 24 horas de los 365 días de cada año en que trabaje como servidor público de alta jerarquía.
Conforme el tiempo avanza, los gobernantes –que alguna vez fueron lo mejor de las sociedades y hoy, en cambio, representan la decadencia absoluta y la debacle moral y social que vivimos– piensan que el electorado es ingenuo y aun se le puede engañar. Lamentablemente, calcularon bien. En la era de la galaxia llamada Internet, de las impresoras en tres dimensiones y de los carros voladores, en nuestros países con votantes tan jóvenes que muchas veces ni trabajan y de tanta ignorancia generada con fines perversos, estos espectáculos todavía pegan.
En todo caso, para un creyente genuino, Dios es reconocido como autoridad suprema sobre cualquier mortal; actitudes que se dejan ver en todos los actos de una persona en los distintos ámbitos de su vida sin que hable, con el ejemplo; nunca a gritos ni en medio de tanta parafernalia propagandística espuria que insulta el intelecto de otro segmento de la población, también importante.
El nombre de Dios, del Ser Supremo, solía pronunciarse con algún respeto y solemnidad; basta ya de falsas banderas y de impostores. Obras, no palabras.

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