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¡No me ayudes compadre!

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La Universidad de Oxford, en Inglaterra, tomó la decisión de darle 15 minutos extra a las alumnas mujeres para terminar sus exámenes de matemática y computación, debido a que “las mujeres se ven afectadas adversamente, por completar los exámenes bajo presión”. Ahora las alumnas tienen 105 minutos para completar sus exámenes. En pocas palabras, según esta prestigiosa universidad, las mujeres no podemos actuar bajo presión, por ende, para no encontrarnos en una posición de desventaja ante los hombres, decidieron darnos más tiempo. ¡Vaya tontería! Si pretendían ayudar a la causa de la igualdad con esta estupidez, definitivamente consiguieron lo contrario. Ahora, ante los ojos de sus compañeros, las mujeres somos inferiores y débiles, y, por ende, necesitamos un empujón para emparejar las cosas.

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¿Qué sucederá cuando estas mujeres, ya graduadas, se enfrenten a la jungla que es sobrevivir en un ambiente laboral, al mundo real? ¿Le irán a pedir a sus jefes más tiempo para entregar su trabajo porque la presión “afecta su desempeño”? El jefe o la jefa, seguramente optará por contratar un varón o una mujer que no venga con esas tonterías. El mundo real no espera, ni le da más tiempo a nadie.
¿Qué le sucederá a estas pobres jóvenes si deciden convertirse en madres? ¿Esperarán que el parto no se les adelante y que él bebe comprenda que no debe nacer aún porque su mamá necesita de más tiempo? ¡Y lo que viene luego de que nacen!

Es preocupante que una Universidad, cuya función es preparar a los futuros profesionales para el mundo real, esté más preocupada en que las mujeres obtengan mejores calificaciones, que en lograr la excelencia. Las calificaciones no garantizan el éxito y mucho menos sustituyen al conocimiento.

Esto es una medida discriminatoria, además de ofensiva para todas las mujeres. En mi vida Universitaria, eran mayoritariamente mujeres las que terminaban los exámenes de primero, yo estudié letras. No digo que no hubiese compañeros que terminaran antes, pero mucho dependía de la personalidad y la personalidad no se cambia con 15 minutos extra. Yo siempre fui de las que entregaba de último, eso se debe a que me distraigo con facilidad y necesito esa presión del tiempo para que se me active la adrenalina y el cerebro. Lo reconozco, trabajo mejor bajo presión.

Esta es una medida de discriminación positiva, que busca la aplicación de medidas que favorecen a las minorías que han sufrido discriminación para equilibrar las condiciones de igualdad entre los diferentes grupos. Detengámonos un momento, estamos hablando de la Universidad de Oxford, en el año 1879 se establecieron en Oxford las primeras escuelas para mujeres de estudios superiores, en 1920 las mujeres se integran a la Universidad. La primera cátedra impartida por una mujer fue en 1948. Por lo que, en Oxford, hace casi un siglo desde que las mujeres estudian en sus aulas al lado de los hombres. No hay discriminación, ¿por qué buscar entonces privilegios? ¿No se merecen los hombres los mismos privilegios? ¿No habrá hombres igualmente susceptibles a la presión del tiempo? Y lo que más me enfurece de todo esto es que nos ponen en posición de inferioridad ante los hombres. Y no, no somos inferiores. Queremos igualdad de oportunidad, libertad de hacer, no privilegios especiales que sólo nos colocan en una posición de inferioridad. A la larga, condiciona a las mujeres a ser más débiles o ser percibidas como débiles.

Lo más triste es que este es uno de los “logros” del feminismo moderno, o hembrismo como prefiero llamarlo, para no confundirlo con el verdadero feminismo, con esas mujeres legendarias que lucharon por poder asistir a la Universidad al lado de los hombres, ¿qué pensarían ellas de esto?

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