Home > Columnas > Sobre la CICIG

Sobre la CICIG

///
Comments are Off

La semana pasada se me ocurrió colocar en mi muro de Facebook una imagen que decía “Yo Amo a Guatemala”. Vaya si recibí comentarios y críticas de parte de muchos que colocaron a su vez la imagen de “Yo amo a la CICIG”. Los comentarios me acusaban de estar a favor de la corrupción. La sensibilidad estaba a flor de piel, la intolerancia también.

La corrupción en Guatemala ocurre a todo nivel. Desde el burócrata que posee el sello que, para poner en un expediente, hasta el que tiene la mayor responsabilidad en un ministerio e institución pública. Está presente en los organismos importantes para el balance del poder en un país, como en el Congreso, el Organismo Judicial y el Ejecutivo. La solución, escribía la semana pasada, es cambiar el sistema.

De hecho, podría comenzarse con cambiar la ley para que no sean las dos partes las demandadas por corrupción sino el que tiene ese monopolio de otorgar un permiso, licencia o el poder de otorgar contratos, es decir, el burócrata o funcionario del gobierno que pide mordidas, que es corrupto. ¿Por qué? Porque así se le puede denunciar. De lo contrario, tanto el que pide como el que cede en los sobornos son cómplices y el resultado previsto es que se protejan entre sí (Teoría de Juegos). Esto no les gusta a muchos porque dicen que ambos son culpables. Pero tal como está la ley actualmente, no funciona.

La CICIG (Comisión para la Investigación de Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos), es una entidad única en el mundo de las Naciones Unidas. Ésta opera en Guatemala desde hace 10 años en coordinación con el Ministerio Público. Dentro de sus logros está el desmantelamiento una serie de redes de corrupción relacionadas con la defraudación que está presente en las aduanas. Recientemente le entraron al esperado caso Odebrecht. Y hace dos días al del Transmetro. Extrañaba que hubieran tardado mucho con estos dos casos, pero me alegro de que salieran a luz pues para nadie era un secreto que había algo irregular en ambos casos. Adicionalmente, han logrado descubrir corrupción en otras entidades por contrataciones anómalas, financiamiento ilícito, defraudación al fisco, tráfico de influencias y algunas más. La acción que más me ha impresionado, y que aplaudo, es en la que se logró descubrir a una jueza que recibió sobornos por parte de tres abogados.

Dicho esto, desde antes que viniera la CICIG a Guatemala me opuse a la misma porque considero que somos nosotros quienes debemos resolver internamente los problemas de nuestro sistema de Justicia. Y no lo estamos haciendo. Se lo hemos dejado a una entidad externa que al parecer la corrupción también le ha penetrado. Recordemos que la corrupción campea en la ONU (Organización de Naciones Unidas). Los comisionados tienen total inmunidad, y esto es el gran problema. Pueden hacer cualquier cosa con total impunidad e inmunidad. La entidad ha tenido varios desaciertos que le causan desprestigio como la presentaron testigos falsos, entre otros. También terminó ideologizándose y politizándose.

Me preocupa el “Show” mediático con que cada caso se anuncia afectando de entradita la reputación de los señalados y capturados. Y en especial considero que hay injusticias al mantener personas inocentes en la cárcel. Hay personas que, en su buena fe, eran parte de una directiva y ahora son perseguidas por considerarse que tienen responsabilidad en lo que algún miembro de la directiva pudo hacer a título individual. Sea como sea, con las personas buenas encarceladas, el país está paralizado y el crecimiento económico sigue en desaceleración. Solo espero que se aplique la Justicia imparcialmente y se siga el debido proceso.

.
.