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Jugar con la gobernabilidad

La gobernabilidad, y concretamente la gobernabilidad democrática es la condición más importante a la cual puede aspirar un régimen político. Así, puesto en un plato, hay dos formas de comprender la aspiración de gobernabilidad en un régimen político: 1) Cuando las políticas públicas son capaces de cumplir en forma efectiva las amplias demandas que se tienen de ellas y, 2) Cuando los actores políticamente respetan las reglas básicas del juego.

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Sobre el primer caso, también se puede comprender ó se le puede denominar ´gobernabilidad económica.´ Refiere a la forma y la capacidad de cómo las políticas públicas resuelven las demandas que se plantean. Al final del día, el ´performance´, qué es lo mismo a sostener los indicadores que se han trazado determina arribar o no arribar a un punto de quiebre político. La crisis económica sufrida por Europa en 2008 (de la cual con dificultad se ha logrado levantar) fue un ejemplo de eso. La cantidad de demandas llegaron a ser tal y la incapacidad de los agentes públicos para resolverlas simplemente dejó a la ciudadanía preguntándose ¿Qué pasó con la esfera de lo público?

El segundo caso, es una situación que apunta tanto, a un problema de reglas cómo del ethos político. Respetar las reglas, los pactos, los acuerdos, los protocolos requiere una ética muy concreta de parte de la clase política que asegure el cumplimiento de las responsabilidades asumidas. Un gobierno que fija su preocupación en la gobernabilidad democrática no ´rehace´ a su antojo las reglas del juego para darse ventajas o simplemente porque las cosas no van como se espera. Venezuela es el clásico ejemplo de lo que recién menciono con respecto a proveerse ventajas por parte del partido oficial. Para asegurar la permanencia en el poder, el chavismo modificó ´a dedo´ los distritos electorales y se aseguró que las reformas entraran automáticamente en vigencia. Otra reforma de este tipo fue la reelección presidencial ininterrumpida, reforma que de nuevo, entró en vigencia para beneficiar al partido gobernante. Así, en base al autoritarismo electoral explicamos más de una década de chavismo.

Pero no deja de ser cierto que Guatemala y las recientes acciones por parte de los actores políticos de momento demuestran una muy desagradable cara en donde las reglas se intentan modificar simplemente porque me afectan de manera personal. El viaje de la Canciller a Naciones Unidas, las reiteradas quejas, la posible denuncia presidencial del mandato de CICIG son acciones que afectan la gobernabilidad. Hay un acuerdo fundamental, solicitado y ratificado por el Estado de Guatemala el cual prácticamente los actores políticos, económicos y comunidad internacional aceptaron cómo variable interviniente. Hay algo, muy propio del chavismo, de su autoritarismo, en el acto de modificar las reglas aceptadas simplemente porque ahora ´no me gusta los resultados´. Y por si esto no bastase, el hazme reír a nivel de las relaciones internacionales es parte de la misma tragicomedia. La reunión con el presidente Trump tuvo todo el tono de informalidad posible: Las visitas de Jefe de Estado o se hacen en casa presidencial o son, encuentros informales. La respuesta reiterada de Naciones Unidas mostrando la personalización del conflicto con CICIG es más que atinada. Sumado a todo esto, la propuesta para crear la Secoprevi transgrede la Ley Marco del Sistema Nacional de Seguridad y además, está plagada de inconstitucionalidades. De nuevo, personalizar los procesos y modificar las reglas a conveniencia.

Qué ganas de tirar al caño con la gobernabilidad en un país que siempre ha sufrido por la incapacidad de su clase política por tomar decisiones de largo plazo.

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