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Una educación mala, es malo para un país

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En Guatemala, todo parece indicar por la descripción de los problemas educativos, que de acuerdo al padre Gorostiaga, “la educación no sería parte de la solución todavía, sino parte  del problema mientras no sea transformada radicalmente”.

Las cifras son alarmantes el enterarnos que la  cobertura en  educación primaria en el año 2009 fue del 98.7% y en el 2017,  de 77.6%. Paralelo a este hecho,  se suma   la mala calidad educativa  que se manifiesta  en las pruebas hechas a los graduandos. El 9% alcanzó una nota satisfactoria en Matemáticas y  35% en Lenguaje. Habrá que considerar, además  edificios escolares derruidos, escasos  textos escolares, cero bibliotecas y laboratorios,  debilidades en la refacción escolar, amén de la polémica que se ha suscitado por el  Pacto Colectivo  con el Magisterio Nacional. Todo indica que  el problema del sistema educativo, parece ser grave.

No sólo en Guatemala, sino en América Latina, se han debatido temas como cobertura, calidad, pertinencia y equidad. Algunos sostienen que se debe  privilegiar la cobertura por aquello de la inclusión. Otros en cambio, afirman la necesidad de fortalecer la calidad. El análisis arroja la síntesis que tanto calidad como cobertura son complementarios. O sea,  la niñez y la juventud tienen el derecho a una educación con calidad, además de fortalecer el sistema de educación pública como una responsabilidad ética y cívica del Estado.

Obviamente para el logro de estos propósitos, se requiere entre otros aspectos, una sólida y constante inversión  del Estado, a fin de lograr al menos el 5% del PIB, siempre y cuando esto no se utilice sólo para el pago de salarios. Debe darse la inversión en  aspectos centrales,  como infraestructura, laboratorios, bibliotecas, canchas deportivas, laboratorios adecuados, uso de las tecnologías de la información, comedores escolares que promuevan una adecuada alimentación para potenciar la inteligencia y creatividad de los estudiantes.

Se requiere para el logro de la calidad educativa, una buena formación de los docentes, que no sólo se lleva a cabo a través de la Universidad, sino a partir de las Escuelas Normales que se privilegien por su excelencia académica. Dignificar al docente y abrir el espacio para que el aula sea su centro en donde sus capacidades, imaginación y creatividad se conviertan en los resortes para una buena formación de sus alumnos, con un diálogo constante con los miembros de la comunidad que es su entorno natural.

El maestro es el actor educativo y el agente  socializador determinante en la escuela y coprotagonista en la creación de un ambiente de desarrollo intelectual. Esto significa que la escuela  tiene que revisar en forma permanente su sentido, en tanto debe poner en tela de juicio su propio quehacer. La tarea es inmensa porque tiene que formar un ideal de ser humano capaz, inteligente, creativo, solidario, justo y equitativo.

Y esto son nuestros males. Me parece que una de las ausencias, resulta ser que la educación no se ha tomado en serio, sólo utilizada en los discursos demagógicos de los políticos en épocas electorales y cuando hacen gobierno, inaugurando cosas a doquier que no tienen trascendencia para el país.

Mi criterio, es que una educación de mala calidad, débil en su cobertura, pertinencia y equidad, es malo para un país. En ese sentido, se debe de asumir la  responsabilidad de repensar el destino y significado de la educación para nuestra nación. Porque, sin pensamiento educativo, no hay acciones educativas pertinentes. Es necesario entonces, que la inteligencia del país sea articulada para encontrar el camino de la educación en Guatemala. Una iniciativa que deberían emprender las universidades,  para salir adelante con beneficio para la niñez y la juventud. No podemos seguir navegando con resultados siempre  negativos.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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