Home > Columnas > Cosas graves

Cosas graves

En cualquier sistema judicial del mundo los colaboradores eficaces juegan un rol fundamental en el proceso relacionado con el combate al crimen organizado. El colaborador eficaz es la puerta de acceso hacia dentro de las estructuras criminales con lo cual, gracias al testimonio aportado es posible hacer uso de la tecnología para monitorear, grabar, documentar etc… Todo esto abonará en el proceso de juicio.

.

Los colaboradores eficaces (una figura bastante nueva en países como Guatemala) son un instrumento muy bien conocido en otros contextos.  En la década de los años noventa del pasado siglo XX, los jueces italianos Falcone y Borsellino prácticamente inauguraron el uso de los testigos protegidos.  No fue fácil,  fue un proceso muy complicado lograr la ruptura del ´voto de silencio´ y la sociedad conectada con el fenómeno mafioso resintió a los colaboradores.  Allí aparecieron los primeros esfuerzos de campañas negras contra los pentiti (arrepentidos) y los jueces.  Más cercanos a nuestro tiempo y contexto,  en México  la figura del ´testigo protegido´  cobró realce a raíz de la estrategia anti-drogas. Durante los 10 primeros años de esta estrategia el Estado Federal mexicano gastó un aproximado de US$ 5.379.000,00 para cubrir los gastos relacionados con 379 testigos protegidos.    Hay otro caso donde la figura de colaborador (no vinculada a procesos judiciales) resulta útil para mantener la seguridad ciudadana y es el relacionado con los colaboradores palestinos que trabajan con el Estado de Israel.   Corren el riesgo de ser ejecutados por su propio ´país´ y rechazados por su sociedad.  Los israelíes hacen lo mínimo posible para– a pesar del chantaje-  asegurarles la existencia.

Ahora bien, el colaborador eficaz es un instrumento que genera debate en razón que obtiene beneficios (entre ellos materiales) por parte del Estado por el acto de de  ´colaborar´.  Es una figura que puede generar enormes complicaciones si los testimonios no son verificados por la autoridad que investiga o, si haciendo de lado el testimonio no existe la requerida prueba científica necesaria.   Pero al margen de esto, lo que sí resulta inaceptable, es que el colaborador eficaz o el testigo protegido (sobre todo cuyo testimonio ha sido vital para desarticular estructuras  o para evitar actos de violencia)  no pueda tener la plena certeza que su vida es resguardada por el Estado.   La muerte de cuatro ´colaboradores´ miembros de pandillas en el Preventivo de la zona 18 el pasado día viernes es un hecho muy serio por no decir, gravísimo.   Primero,  se pierde todo el trabajo realizado para lograr la construcción de esas lealtades que en el mundo de las pandillas resultan muy difíciles hacerlas.  Las pandillas son estructuras territoriales, controlan familias enteras e imponen un voto de silencio que se cobra en sangre. Lo menos que se puede hacer por parte del Estado es asegurarse que aquellos que están colaborando (permitiendo así de alguna forma adelantarse a los hechos criminales)  tengan la plena virtud que sus vidas no corren peligro.   Segundo, el mensaje para los futuros colaboradores eficaces es clarísimo: No lo hagan.

Estas son cosas graves que no pueden suceder. Centrados estrictamente en el tema relacionado a las pandillas tocará ahora esperar la reacción violenta de estas organizaciones las cuales resienten que el Estado les haya penetrado. Esto se va a traducir en una incidencia mayor de muertes de pilotos, comerciantes y ojalá que no,   intentos de atentados con explosivos.  De gratis se somete a la Polícia Nacional Civil a un ´stress´ innecesario.

Pero si usted fuera Juan Carlos Monzón o  Salvador Estuardo “alias Eco” González u otro testigo protegido: ¿Cómo se sentiría al leer la noticia en mención?

TEXTO PARA COLUMNISTA
.
.