El Siglo

El botín de la nueva clase política

Los Q10 millones 654 mil 208 que la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS) gastó en alimentos para Jimmy Morales y su familia, sin lugar a dudas nos demuestran que el aparato de servicio público, en algunos ámbitos, sigue siendo propiedad de quienes detentan el poder.

Los insultantes y exorbitantes gastos de enseres personales que Morales argumenta que él no debe de pagarlos de su salario, y sin el menor recato nos obliga con nuestros impuestos a sufragarlos, es el desliz más reciente, que se une al ocultamiento del bono extraordinario de responsabilidad y riesgo que el Ministerio de Defensa le daba de forma ilegal.

Estos gastos de “perfil alto” que ni siquiera son justificables para funcionarios públicos de países desarrollados, son parte del paquete del ‘poder sin control’, que se evidencian en países como el nuestro en la que se tiene la certeza que la clase política gobierna a espaldas de sus ciudadanos, alejados del bien común e interesados únicamente por su bien particular.

Desafortunadamente, también la “nueva clase política” ve al Estado como su botín, al arrogarse el privilegio de usar y abusar de los bienes públicos, sin entender que sólo administran los bienes del Estado y que no son propietarios de esos recursos, simplemente son administradores temporales de la propiedad colectiva y por el plazo de 4 años.

La ira general por estos abusos obedece a que vivimos en medio de la precariedad, en uno de los países más pobres del mundo, con una serie de carencias, entre ellas con altísimos niveles de desnutrición, déficit de escuelas y una red vial colapsada, grave crisis hospitalaria. Así, es inexplicable cómo nuestro flamante presidente pareciera no estar consciente de las necesidades y sufrimiento del pueblo y gaste de forma superflua con tanto desembarazo el dinero del Estado.

No comprende que el Estado no es la gallina de huevos de oro, en la cual tiene la libertad de gastar a manos llenas. Necesitamos un presidente que respete el patrimonio social como algo ajeno que se debe cuidar con ahínco y dedicación. Exigimos que no despilfarre lo que no es de él.

Ojalá el Señor Presidente reflexione sobre su actuar, haga un autoanálisis crítico y se decida a cumplir sus promesas y no hacer exactamente lo contrario a lo ofrecido. Es necesario que dé el ejemplo de austeridad tal  y como se comprometió, cumplir con donar parte de su salario, renunciar a esas prebendas onerosas e invertir ese dinero en las prioridades del país.

El presidente debe considerar seriamente que esos abusos e indiferencia, siembran la desconfianza e indignación de la mayoría de la población, ampliando el divorcio entre gobierno y sociedad, restándole credibilidad social a su gobierno. Debe tener presente que, sobre su gestión, pesan serios cuestionamientos; así como su capacidad y probidad para gobernar están en tela de juicio, reflexiones  que no se realizan por motivos espurios y políticos o a la pretensión de darle un golpe técnico de Estado, sino que son cuestiones de sentido común.

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