El Siglo

Protestas y… quejas

El desacuerdo en la vida social se manifiesta frecuentemente en protestas, manifestaciones. Es algo que tiene plena actualidad. Pero es algo que también sucede en la la vida ordinaria, en el día a día, y es bueno recordarlo

Porque la verdad es que nos quejamos demasiado. Gastamos demasiada energía en lamentos, reproches y protestas, porque nos parece que de esa forma quedamos justificados. Pero el derecho a la pataleta sirve, como mucho, para desahogarnos, aunque no consigue otra cosa que gastar energía en algo totalmente inútil.

Y se concreta que esto lleva al pesimismo. Releía recientemente un reportaje con un sugestivo título: La desesperanza coartada del pesimismo y la comodidad. Muestra como el pesimismo se está configurando como una enfermedad crónica de la sociedad. Señala que recibimos demasiada información, una borrachera de malas noticias, que no somos capaces de asimilar y nos sobrepasa de tal manera que la reacción más fácil es rechazar todo. Recuerda a aquel hippie, de los años 60, que gritaba paren el mundo, que quiero bajarme. Es un pesimismo que, aunque se refiera a  preocupaciones válidas, se ha convertido en una excelente coartada para la apatía y la comodidad.

Regresando al tema de la quejas, qué pasaría si no nos quejáramos tanto… Eso quiso saber el baterista del grupo de roc, Leah Shapiro, quien junto a mil personas más se comprometieron a estar un mes entero sin quejarse. El proyecto dio resultado: las personas que lograron desterrar las quejas echaron fuera de su mente los pensamientos negativos, con lo que, afirman, fueron más felices. Porque salen del pesimismo…

Y propusieron algunas acciones para poder estar un mes sin quejarse. Una es definir la  queja, que no sea una observación sobre la realidad (“hace frío”), sino un comentario que nos hace sentirnos superados por esa realidad que no podemos cambiar (“odio el frío, no se puede salir de casa”). Es bueno que enseñemos en nuestras familias a hacer esta diferencia.

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