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La importancia de la formación ciudadana

Antes de la década de los años ochenta el subsistema escolarizado contenía en su pensum de estudios la asignatura de “moral y urbanidad” en el que se aprendían reglas de cortesía, reglas o normas por las que se rige la conducta de la persona humana en relación con la sociedad y consigo mismo y se practicaban valores en la escuela que promovían la convivencia y armonía entre pares es decir las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad, por lo tanto permitía a los ciudadanos tener como imagen objetivo la vida en democracia.

De esa cuenta que la población ponderaba la organización social, analizaba la realidad nacional con más acierto y se rebelaba ante los gobiernos dictatoriales de militares o civiles. La asignatura de “moral y urbanidad” facilitaba la formación ciudadana y de esta manera se incidía en la lucha por la democracia.

Muchos fueron los que ofrendaron su vida por la democracia, luchando por el respeto a los derechos más elementales del ser humano y por el bien común, estaban investidos de una ciudadanía activa y una moral cívica que era respetada por aliados y adversarios.

Paradójicamente treinta años después de iniciada la transición a la democracia no contamos con esa valiosa asignatura y vemos con preocupación que el sistema educativo no promueve la formación ciudadana ni los valores que hacen posible una ciudadanía activa. El ente rector de la educación en el país se ha limitado a regular por medios coercitivos la conducta de los sujetos curriculares.

Entendemos por ciudadanía activa la participación ciudadana en colectivos, partidos políticos, comités, sindicatos, asociaciones gremiales y gobierno escolar; la actitud de involucrarse en los asuntos de su comunidad y de la nación y tener conciencia de que todos somos parte del problema pero también somos parte de la solución.

La tendencia en educación en el siglo veintiuno es a ponderar las áreas técnicas y científicas por sobre las áreas humanísticas, estas últimas son las que sensibilizan al ser humano y las que de mejor manera provocan un pensamiento crítico. La prueba la tenemos en la suspensión de la carrera de magisterio y en su defecto la creación de bachilleratos y carreras técnicas así como la intención de suprimir las asignaturas relacionadas a la expresión artística.

¿Qué pasa con los ciudadanos del siglo veintiuno? ¿Por qué la indiferencia ante los problemas más ingentes de nuestra población? ¿Por qué tanta corrupción e impunidad? ¿Qué puede hacer el sistema educativo?

El sistema educativo debe facilitar la formación integral de la persona humana, debe buscar el equilibrio entre las áreas técnicas-científicas y las humanísticas tal y como lo preceptúa la Ley de Educación Nacional en el artículo 1º literal g) “La educación es un proceso científico- humanístico”. Debe establecer un equilibrio cognitivo. Así también el artículo 2º literal f) señala: “Promover la enseñanza sistemática de la Constitución Política de la Republica, el fortalecimiento de la defensa y respeto a los derechos humanos”.

La formación ciudadana es actualmente una tarea pendiente. Debemos fortalecer la democracia desde la formación de ciudadanos con pensamiento crítico, con capacidad dialógica, con moral y urbanidad y con actitud de responsabilidad ante las situaciones sociales, económicas y políticas adversas al interés social.

Tolerancia, respeto, honradez, libertad de opinión, asertividad, proactividad, resiliencia, moral, urbanidad, democracia y civismo deben ser parte de un eje transversal que coadyuve a la formación ciudadana de nuestros estudiantes, desde la educación inicial hasta la universidad.

Como dijo Martha Nussbaum: “Ninguna democracia puede ser estable si no cuenta con el apoyo de ciudadanos educados para ese fin”.

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