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Reflexión sobre el caso Obedrecht

Esta semana ha salido a la luz pública los resultados de la investigación preliminar por el caso Obedrecht. Se ha revelado que existen dos colaboradores que han desvelado interioridades de la operación de sobornos que se gestó para obtener el contrato para la ampliación de la carretera CA-2 Occidente, en las que presuntamente se entregaron coimas al ex Ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, Alejandro Sinibaldi, el ex Secretario General del Partido Político Líder, Manuel Baldizón y al empresario Carlos Arturo Batres G.

Los sobornos que se revelaron alcanzan hasta una cantidad de 17.9 millones de dólares de los Estados Unidos de América, que fueron repartidos entre estos individuos.

Se pone en evidencia nuevamente que las estructuras de corrupción se encuentran incrustadas en la parte medular del Estado y del sistema político. Nuevamente figura el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda como uno de los focos principales de corrupción para la adjudicación de obras de infraestructura. Esto último no es de extrañar, no nos puede sorprender, pero sí nos debe de indignar. Los impuestos de los guatemaltecos y una deuda pública que se endosa a las dos o tres generaciones siguientes, sirven únicamente para enriquecer a algunos que no encuentran saciar su ambición de dinero y poder, sin que a final de cuentas represente desarrollo para el país.

Este caso es representativo de cómo la poca planificación de país resulta en una estafa de mal gusto para los guatemaltecos. Proyectos hechos a la medida para enriquecerse y no para otorgar un beneficio real para el país. Un proyecto que se anunciaba como un estandarte para el mejoramiento de la red vial de Guatemala, queda como un caso típico de retraso en el progreso de nuestro país. Pasa el tiempo y los guatemaltecos seguimos pagando la deuda del dinero entregado a la empresa brasileña, sin que cinco años después tengamos siquiera una octava parte de los que se prometió entregar a estas fechas.

El sistema de compra de voluntades que utilizan los políticos y los empresarios condiciona el futuro de Guatemala y los guatemaltecos.

Las revelaciones sobre la forma en que se fraguó la estructura de pago de sobornos, retrata que estos grandes corruptores no solo pagan para la adjudicación de contratos multimillonarios, sino que también al partido de oposición política del gobierno de turno, que en este caso era Líder, con el objeto de acallar las bocas. Si bien los diputados de este partido político, en bloque, votaron en contra de que se otorgaran los créditos del Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico e Social de Brasil –BNDES- y el Banco Centroamericano de Integración Económica –BCIE- para financiar el proyecto, es evidente que el dinero que se entregó es para que pasara desapercibido.

¿A qué nos apunta esto? Quiere decir que de momento no existe nadie fuera de sospecha, a medida que avance la investigación tal vez se revele quienes son los destinatarios finales de este dinero; los guatemaltecos merecemos el esclarecimiento de la verdad y que se de con todos los responsables. Buscando, además, que resarzan los actores y cómplices los daños ocasionados.

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