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El pastor mentiroso

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Editorial

La historia de la humanidad a lo largo del tiempo ha contemplado el nacimiento y el ocaso de varios imperios, estados, estamentos y castas, así como ha relatado por la tradición oral, las hazañas y cadencias de muchos líderes y sus pueblos. Guatemala no escapa al rigor de la historia y, hemos visto por tradición oral y escrita, desde el Pop Vuh, las grabaciones de los glifos Mayas, la Recordación Florida y otros escritos dejados por los conquistadores españoles, así como otros conquistadores que llegaron a estas tierras durante y después de la colonia, desde alemanes y más recientemente norteamericanos y europeos.

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Hoy día nuevamente nos enfrentamos a un proceso de conquista, esta vez como en antaño, los Cachiqueles traicionaron a los Quiches para la conquista española, existen grupos de traidores apátridas, que se prestan a los intereses foráneos, nuevamente creyendo que son los llamados a dirigir una nación que nunca han defendido y que, inspiran en lugar de confianza, lastima por sus acciones que solamente los desenmascaran cada vez más de lo traidores que son.

Es muy fácil criticar y destruir lo que no se ha construido y, como dice el dicho, “No es lo mismo verla venir que venir con ella” los grupos autodenominados representantes de la Sociedad Civil y sus comparsas extranjeras, pretenden a toda costa hacerse con el poder ejecutivo, pues ya cuentan en su haber con buena parte del poder Judicial y el sistema de persecución penal, que en los últimos días saltó a la palestra producto de una acción que ellos mismos han criticado fervientemente como lo es la sobrevaluación de bienes y evasión de la ley de compras y contrataciones del estado.

Sin embargo, el sentirse todopoderosos les hace caer en el dicho que reza “El pez por su boca muere” al negarse públicamente a dar la explicación sobre el proceso de compra sin licitación de un inmueble por demás sobrevalorado, dejando ver que el que de la comida habla comérsela quiere. Demostrando con ello que toda acción tiene una reacción y pensaron que podrían pasar desapercibidos con sus andanzas, lo cual deja mucho que desear, pues un buen maestro o líder, debe predicar con el ejemplo.

Es verdaderamente lastimoso que quienes dicen defender la justicia, únicamente lo hacen a su sabor y antojo y en beneficio de sus allegados y cortesanos, pues ha quedado claro que cada vez que se pretende gobernar con total libertad e impunidad “el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente”.

Si en verdad queremos el cambio y mejorar el estado de cosas que se vive actualmente en este bello país, debemos iniciar por cambiarnos cada uno de nosotros, comprendiendo y actuando apegados a la verdad por dura que sea sin ocultar nada, diciendo siempre la verdad y apegándonos a la legislación vigente, sin pretender utilizar el sistema de justicia a nuestra conveniencia.

En El Siglo hacemos un llamado a los guatemaltecos de bien para permanecer alerta y defender la nación que tenemos permitiendo desarrollarla en beneficio de nuestros hijos y pensando y construyendo el país que queremos heredarles.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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