El Siglo

El lujo se paga caro

¿De qué manera podemos pedir, solicitar, hacer entender a tanto político y funcionario público, que el despilfarro de la hacienda pública es un crimen?  ¿Hará falta que volvamos a la edad media o a las prácticas que algunos países orientales todavía aplican como castigo, pero que en Occidente se consideran “incivilizadas”?  ¿Hasta dónde juegan con la paciencia de un pueblo oprimido y abusado?

No es posible, de nuevo, dar la vuelta y hacer de caso que no ocurrió: esta semana, un medio escrito publicó una lista de gastos del señor Jimmy Morales, presidente de Guatemala, en la cual sale a luz su abuso, arribismo, despilfarro y su gasto burdo e inútil en artículos de uso muy personal.  Ni él ni otros funcionarios serán mejores personas ni más eficientes usando marcas más finas, muchas de las cuales antes seguramente  no  habrían podido llevar a costa del trabajo duro y digno, como el de millones de guatemaltecos, a quienes ellos se deben en servicio y honradez.

Ser presidente, no es llevar un par de gafas de marca Carolina Herrera de Q21,900.  Ser presidente de Guatemala, en cambio, es conocer las necesidades urgentes de higiene y suministros médicos para los hospitales nacionales; es estar enterado que miles de niños no pudieron iniciar su ciclo escolar en las escuelas públicas porque faltaba la energía eléctrica y el pago a sus maestros; es comprender que millones de guatemaltecos se han ido por falta de esperanza de un futuro digno en nuestro país, al verlo cooptado por las mafias, mientras en sus casas no llega ni agua potable ni luz eléctrica.

Si el representante del Poder Ejecutivo actualmente es verdaderamente el mejor pagado en toda Latinoamérica, ¿no tiene, acaso, los fondos suficientes de su salario para costear con dignidad sus entradas al cine?  Ciertamente, estas malas prácticas  nos hablan sobre quién es él, porque diciéndose un creyente en Dios, me parece inaceptable que no conozca este pasaje: “…El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho.  Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?”  (Lucas 16:10-11; La Biblia).

Lo invito a darse una vuelta por las Sagradas Escrituras –si tanto es su fervor cristiano-, que contienen el manual para el buen vivir y la buena gobernanza, para no terminar su período como sucedía a los ladrones en los tiempos bíblicos o en la guillotina, como la joven reina María Antonieta en la Edad Media, quien tuvo un atenuante que otros como Morales y demás funcionarios que hoy presumen de repentinos gustos caros no tienen, cual es que ella fue hija de un emperador y no pidió gobernar a los 19 años, habiendo sido casada con el futuro rey de Francia.  Aun así, su pueblo le hizo pagar caro el despilfarro y el ignorar la miseria de su gente.

Todo esto aplica de igual forma a muchos otros funcionarios, quienes comienzan a vivir su “lotería ganada”, en lugar de hacer los cambios que este aparato de Estado requiere.

En nombre de los millones de migrantes guatemaltecos privados de vivir con su familia en su tierra, invito al señor Morales a dar el ejemplo y devolver con honradez –y sin trampa- todos los gastos efectuados por cuenta de la hacienda pública de Guatemala, que no corresponden al decoro de la investidura de su rango Constitucional ni, principalmente, a la dignidad de él como persona,  pues estas acciones lo empequeñecen aún más ante los ojos de los guatemaltecos, a quienes únicamente se debe en servicios y lo más recatada y moderadamente posible.

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