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Movimientos en el tablero de ajedrez

El liderazgo siempre ha sido algo identificable en las organizaciones de cualquier tipo. La gente “líder” es valorada por su capacidad impulsora y generadora de un valor agregado. La mezcla de capacidades y valores permiten identificar a estas personas. Un líder se reconoce por la habilidad en influencia personal y el manejo del poder, de crear una energía potenciadora y saber identificar y explotar las capacidades de un grupo para alcanzar objetivos a fin de transformar, a la organización y a las personas.

En la estructura administrativa del Estado también es importante el liderazgo. No solo a nivel operativo sino político. Los despachos de los funcionarios deberían de llenarse con personas que manejen el campo que corresponda, pero también que sean identificados como líderes dentro de las instituciones.

Las personas que son identificadas como tales, líderes, no siempre se rigen por la moral. Si bien repletas de capacidades, la carencia de valores o motivaciones perversas y egoístas, pueden dar lugar a que lideren de forma negativa. Vale recordar que en sus momentos personajes como Joseph Stalin o Adolf Hitler fueron identificados como líderes.

¿Por qué traigo a colación el liderazgo? El inicio del año 2018 ha traído consigo una gran cantidad de cambios en las caras y personajes que estarán frente a distintas instituciones del Estado, especialmente en el Gabinete del Ejecutivo. Esta semana se anunciaron los cambios de Ministro en los Ministerios de Economía, Desarrollo Social y Ambiente y Recursos Naturales. De igual forma, se comunicó la destitución del Superintendente de Administración Tributaria. Una semana que venía de ser precedida por la convocatoria y integración de la Comisión de Postulación que elegirá a siguiente Fiscal General y Jefe del Ministerio Público.

En un país, como el nuestro, que ha sido calificado, incluso, como un Estado Fallido, se requiere el fortalecimiento de las instituciones. Allí la importancia del liderazgo. Una institución crecerá, se fortalecerá y su institucionalidad se consolidará a partir del liderazgo de quienes estén al frente.

La destitución del Superintendente de Administración Tributaria, más que poner en tela de juicio la calificación objetiva con la que se tomó la decisión, viene a ser un golpe en la percepción del liderazgo que se está buscando en los puestos clave de la administración pública. Incluso, a pesar de las constantes críticas de ciertos sectores al Licenciado Foppa, en el período que ocupó ese puesto, fortaleció la cultura tributaria. Tendrá que venir alguien que con una estrategia más aguerrida resuelva el problema del déficit de recaudación, pensaríamos.

El objetivo de la rotación de los dirigentes de las instituciones es para completar las deficiencias de administración y ejecución. Sin embargo, ante la constante lucha de poderes, entre quienes abogan por la transparencia y lucha contra la corrupción, y aquellos que hacen lo propio por mantener el status quo, los movimientos se perciben como una medida para quitar del camino aquellas personas que no se alinean con los intereses de los poderes tradicionales.

Parecieran ser movidas en el tablero de ajedrez que preparan el jaque mate, quitarse el verdugo que los acecha: tomar el control del Ministerio Público.

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