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Lo que inicia mal, termina mal

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Nadie en su sano juicio podrá avalar jamás la violencia y el abuso, en contra de la mujer. Pero otra cosa muy distinta es utilizar como excusa la violencia y trivializar el sufrimiento y la realidad de las verdaderas víctimas, para impulsar una agenda ideológica cargada de misandria, como lo ha hecho el movimiento, “#metoo” (Yo También).

¿Qué sucedió? Todo parte de la premisa universal de que las cosas se deben de hacer por las razones correctas, la violencia no se acaba con una cacería de brujas ni buscando venganza. Se acaba con justicia, con denuncias y sobre todo con educación. Todo lo anterior suena muy hermoso y loable, pero estoy consciente de que lograrlo significa embarcarse en una tarea titánica, hay muchos aspectos culturales y sociales involucrados.

Cuando salen las primeras acusaciones en contra de Harvey Weinstein en octubre de 2017, encabezadas por la actriz Alyssa Milano ella revive el movimiento, “Me Too”, que inicia en 1996 por Tarana Burke. El problema en este caso ha sido que las principales promotoras han sido mujeres que han vivido y se han beneficiado de esa cultura de violencia y acoso en contra de la mujer. Ellas no son las niñas inocentes, víctimas del depredador Larry Nassar, son mujeres que, siendo adultas, accedieron a jugar bajo las reglas sucias de Hollywood. Y fue precisamente la leyenda del cine francés, Brigitte Bardot, quien se los dijo. Ya en días anteriores había sido publicada una carta firmada de forma conjunta por más de cien intelectuales y artistas francesas encabezada por la actriz Catherine Deneuve, y la intelectual y escritora Catherine Millet. Pese a todos estos cuestionamientos, el movimiento seguía su curso, hasta que el fin de semana pasado, el medio feminista Babe, publica una denuncia en contra del actor y comediante, Aziz Ansari. Esta publicación ha fracturado por completo el movimiento.

Lejos de ser una denuncia de violencia y acoso, es una denuncia de lo que puede ser considerado una mala cita. Lo que no se dan cuenta las feministas radicales, es que es el feminismo es el que nos ha permitido llegar a este punto, decidir libremente con quién deseamos salir y pasar una noche, pero esa libertad también implica cometer errores y aceptarlos con responsabilidad. Gracias al feminismo las mujeres podemos salir sin necesidad de un chaperón, escoger nuestros maridos, trabajar, devengar un salario, ir a la universidad, heredar, fundar una compañía, etc. Por favor, no denigren el movimiento siendo cómplices de los caprichos de mujeres inmaduras que por un mal juicio tuvieron una mala noche, y, por ende, una mala experiencia con un hombre. Eso no constituye, violación, acoso o maltrato. Como diría Mises, «La libertad implica la libertad de cometer errores», celebremos la esa libertad en vez de condenarla.

La terminología empleada en contra de estos delitos continúa creciendo, existe violación, abuso sexual, acoso, abuso verbal, abuso no verbal, hostigamiento, conductas inapropiadas, etc., creando zonas grises que pueden ser cuestionadas con facilidad. Ya el 25% de los hombres millennial considera que invitar a una chica a tomar algo, es considerado como acoso y el 33% de los hombres y las mujeres, consideran que dar un cumplido sobre la apariencia de una mujer es acoso sexual. ¡Por favor! ¿Tomemos esto con seriedad? Dar un cumplido sobre la apariencia física jamás estará en liga con una violación. Esa misandria disfrazada de feminismo, se ha convertido en la principal enemiga de este movimiento. ¡Lo que inicia mal, termina mal, y este ha sido de corta duración!

TEXTO PARA COLUMNISTA
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