El Siglo

Educación, productividad y trabajo

Educar es la mejor inversión económica de todo Estado. La educación, las destrezas y las habilidades psicomotrices colectivas constituyen la antesala de la productividad del trabajo. Recaemos en el trabajo por considerarlo el principal esfuerzo humano en busca de su propio desarrollo ambientalmente sostenible. ¡Es pues…,  el trabajo! el atributo más digno, otorgado a una sociedad o a un territorio.

Escuchando a un conferencista (en cable) sobre el tema de Globalización, llamó mi atención la afirmación categórica de que los países que se quedarán a la orilla del camino en el proceso de transformación mundial serán aquellos que no puedan resolver sus problemas educativos. “Ningún país tendrá posibilidades de sobrevivir con amplias capas de su población inmersas en el analfabetismo”, concluye el comentario.

Al escuchar lo anterior, recordé un artículo del ex secretario de comercio de los Estados Unidos (años 1971-72) y presidente del Instituto para la Economía Internacional de Washington, Peter George Peterson proyectándose hacia el futuro, indicando que: “sin un cambio educativo importante, para el año 2000 habremos generado cerca de 20 millones de jóvenes sin un lugar productivo en nuestra sociedad”. Peterson (nacido en Nebraska, U.S. -1926) ha sido considerado entre los más influyentes en el mundo político estadounidense.  Aunque los problemas de desempleo, seguramente, persisten en aquel país del Norte.  Es honroso, el testimonio de personas influyentes que pensando en el futuro de sus nuevas generaciones accionan a favor de la educación. Actualmente, Bill y Melinda Gates articulan un vector de desarrollo,  en la misma dirección.

A medida que una economía se transforma y se moderniza, la necesidad de mano de obra calificada va incrementándose. Y para alcanzar una fuerza laboral calificada, es indispensable un nivel educativo básico generalizado dentro de la Población Económicamente Activa -PEA-. En otras palabras, en las economías desarrolladas, el alfabetismo es consustancial al grado de desarrollo de sus industrias. Respetando las distancias, la misma analogía aplica para el caso de Guatemala, pero debemos mejorar productividades mediante el firme y decidido impulso a la educación e innovación tecnológica.

La economía del conocimiento difundida en el presente siglo XXI, ha requerido de los economistas dar un giro al término ´productividad´ y aunque siguen vigentes todos los factores de antaño (trabajo, tierra y capital) aún con alta incidencia en el nivel de productividad en economías como la guatemalteca; la historia contemporánea nos reporta casos de países que sin contar con cuantiosos recursos naturales, están a la cabeza mundial de la productividad. Sin duda, gracias a la capacidad emprendedora que les procura y facilita el nivel educativo de sus poblaciones o congéneres.

Pretendemos hacer ver que en esta era del conocimiento, la productividad ha dejado de tener una dependencia absoluta de algún factor en particular. La productividad, más bien, queda determinada por la ciencia y la tecnología. En esto radica la importancia del segundo párrafo del artículo.

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