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Advertencia para rescatar el turismo

La advertencia de Estados Unidos a sus ciudadanos para no viajar a Guatemala, si bien no es una prohibición, resulta preocupante porque puede provocar una desaceleración del turismo a nuestro país para este año, lo cual se suma a los problemas que enfrenta esta industria en el país debido a la pésima infraestructura de servicios.

Considerando las atracciones naturales, históricas y culturales que posee Guatemala, al ofrecer un viaje al pasado con sus enigmáticas pirámides que nos permiten conocer sobre una de las civilizaciones más grandes del mundo y sus magnos legados a este mundo contemporáneo, el flujo de turistas disminuye.

Pese a que Guatemala posee un patrimonio cultural, de flora y fauna envidiable y que bien explotado nuestro país puede ser un potencial turístico mundial, el número de turistas extranjeros es bajo en comparación con naciones de la región que carece de toda esta riqueza.

No se puede negar que vivimos en un país en donde el Estado no es fuerte. La percepción de inseguridad la huele el ciudadano y no digamos el turista. No podemos engañar a los viajeros con que aquí nada sucede y decirle que esa visión que le trasladaron no coincide con la realidad. No es posible que cuando turistas recorren áreas protegidas, paradójicamente encuentren personas en plena casería.

En Guatemala los turistas están casi a la deriva, no hay módulos de información y a veces ni presencia del INGUAT en los atractivos turísticos. Basta ver lo que pasa en los aeropuertos internacionales y en las terminales marítimas y de buses del país, donde los turistas locales y extranjeros son abandonados a su suerte desde que llegan; mal informados y expuestos al peligro y al ataque de criminales.

Al desembarcar en las terminales, los viajeros no encuentran un puesto de información que funcione las 24 horas, con personal identificado para resolver dudas y dominio de otros idiomas. Tampoco guías para sus recorridos, ni planos de las atracciones turísticas, o bancos con atención a toda hora para pagar las entradas a sitios arqueológicos. No hay precios fijos de servicios, como en taxis, quienes cobran según acento o pinta del viajero.

No hay mecanismo de monitoreo y movimiento de visitantes. Con todas estas deficiencias, los turistas difícilmente tendrán una sensación de seguridad y menos el apoyo para pasar una estadía inolvidable.

Guatemala debe trabajar para romper la apreciación de inseguridad por parte de los viajeros.  Minimizar una advertencia de esta índole, es recibirla con una actitud derrotista y no de transformación, cuando de las debilidades deben surgir las mayores fortalezas.

La advertencia es una oportunidad para corregir esas deficiencias que Guatemala tiene como destino turístico. Al gobierno le corresponde generar las condiciones necesarias para que esa percepción se corrija, tomando las medidas para impulsar el desarrollo de este sector. La actividad turística es un importante motor para la economía guatemalteca y fuente significativa de producción de divisas, por lo tanto hay que cuidarla.

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