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No, no más “Trumpismo”

¿Alguien en su sano juicio aceptaría que un carnicero sustituyera al cardiólogo que va a realizarse el bypass de emergencia?  ¿O qué un conductor de taxis maneje el 747 que usted abordará el día de mañana?   La respuesta es obvia.  Al momento de ejecutar tareas específicas y complejas,  se busca premiar el entrenamiento ortodoxo, la seriedad y la calidad del performance en la profesión.  Pareciera que esto es perfectamente claro cuando hablamos de médicos, pilotos de avión, ingenieros estructurales pero no, cuando estamos hablando de la política.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde la época en que Max Weber realizó la distinción entre el político y el científico.  Sartori también hizo la distinción entre la política como campo de estudio y la política como una profesión ( ´lo político´ y ´la política´).  Y, si bien esta distinción es honesta,  hay que reconocer que la complejidad de los sistemas de gobierno actuales obliga a que los funcionarios electos se instruyan para tomar decisiones sobre la cosa pública o, que se rodeen de los mejores técnicos posibles.  La democracia, en su posición ´idílica´ supone que todo es una cuestión de representar las apetencias populares pero el juego político real enseña que por lo general, candidatos y políticos construyen su visión del mundo en base a ideas preconcebidas. Por eso,  los presidentes,  una vez en funciones pasan de nuevo por un proceso muy intenso para comprender las interioridades del sistema: Si el sujeto tiene experiencia política previa, y aparte algún grado de erudición será mucho más fácil toda la gestión presidencial. Pero, si el sujeto es un ´outsider´, sin experiencia política previa y además con cero conocimiento teórico sobre cómo operan los sistemas de gobierno, el derecho internacional, las constituciones o las dinámicas entre los ministerios con el ejecutivo o lo que la presidencia puede o no hacer ..(muchos etcéteras más)….   la presidencia será un fracaso.  Y si encima de todo esto el sujeto se rodea de ´amateurs´………..

Precisamente todo lo anterior es lo que está más que implícito en el afamado libro ´ Fire and Fury: Inside the Trump White House´.   No vamos a negarlo, el libro se toma licencias, como por ejemplo nunca hacer la cita directa a la fuente de las jugosas informaciones.  Pero todas esas jugosas informaciones, sumadas a los desatinados dichos del Presidente Trump, añadido a los desafortunados ´tweets´ van pintando un lienzo de, improvisación, poca profesionalidad así como un sentido bestial de la ordinariez.   Aquí no se trata de un juego de vendettas entre izquierdas y derechas: Barack Obama es un profesor de Derecho Constitucional y cometió errores en su gestión;  George Bush tenía experiencia de gobernador, un padre ex presidente y un equipo de asesores todos ´Ivy-League´ e igual, cometió errores en su gestión. De los últimos presidentes mexicanos (exceptuando Vicente Fox y Enrique Peña) todos han sido egresados de las mejores universidades estadounidenses e igual, tuvieron brutales ´crisis del sistema´.   Es falso que los presidentes  mueven el dedo y el sistema cambia pero es muy cierto que un presidente sin mínimo sentido de cómo opera la función pública (y el mundo) termina por enterrar toda confianza en la democracia.

Por eso, a luz de todo lo que esta historia de la administración ´trumpista´ va generando,  hay que deshacer de una vez por todas  la idea de que los ´asuntos de la polis´ pueden ser atendidos por cualquiera.  Los outsiders como Trump, que ganan elecciones porque rompen las reglas y gobiernan sin respetar las instituciones (como Chávez) faltan el respeto a todos los esfuerzos que se hacen por profesionalizar a los tomadores de decisiones públicas.

Nunca más.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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