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Libia y el comercio de esclavos en el siglo XXI

Aunque la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que “nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre”, casi 27 millones de personas, sobre todo infantes y mujeres, permanecen bajo esa condición en el mundo.

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La abolición por parte de los Estados y gobiernos de esta práctica denigrante del ser humano poco representa para quienes hacen caso omiso de las legislaciones y avalan tales crímenes de lesa humanidad.

La esclavitud por deuda, la doméstica, el tráfico humano, la explotación sexual, la prostitución forzosa, el trabajo infantil, la venta de niños, los matrimonios forzosos o ventas de mujeres y ciertas formas de mendicidad, son algunas de las modalidades en las que se manifiestan estas violaciones.

Datos de la Organización de Naciones Unidas confirman que en todos los continentes existen esclavos de ambos sexos, aunque los más afectados por el flagelo son Asia y África.

La expansión de la desigualdad e injusticia por el mundo, de los conceptos con que se articula el poder y de la tolerancia con que se acoge el fenómeno, frenan la aplicación de las múltiples condenas de organismos internacionales a este flagelo.

Torturas, asesinatos y desapariciones van asociados
al comercio de esclavos en Libia. Foto: ABC

La prohibición de la esclavitud es considerada una obligación en Derecho Internacional desde los años 70. Sin embargo, en nuestro tiempo, la amenaza, la violencia u otro tipo de coacciones físicas y morales, sirven a los devenidos “propietarios”.

Estos disponen de manera absoluta de una persona sin que medie un documento de propiedad, más sin son infantes o mujeres, en condiciones de vulnerabilidad.

Tal aberración es observada por autoridades venales en muchos países, quienes callan o cuando menos se benefician de los sobornos a estos criminales.

En Mauritania, en el norte de África, el Gobierno prohibió la esclavitud hace más de dos décadas, pero decenas de personas siguen siendo raptadas y llevadas a cautiverios para luego ser sometidas en regiones remotas del país.

Ese país fue el último en abolir la esclavitud, en el año 1980, más el desconocimiento de la ley por parte de la población explica el porqué gran parte de los antiguos esclavos continúan bajo esa condición.

La Liga Mauritana de Derechos Humanos asegura que algunos nunca fueron liberados, alrededor de 90 mil, en tanto unos 300 mil, regresaron después a los hogares de sus antiguos amos suplicando ser reacogidos.

Faltó crear condiciones para que los liberados lograran oportunidades de trabajo u otras vías dignas de sustento y eso es algo que afecta a buena parte de los sometidos a tales situaciones en los continentes más atrasados económicamente.

La tradición esclavista de sociedades como esta, lastra valiosos intentos de avanzar en la erradicación definitiva del mal, pero no está en el sustrato de lo que acontece en otras regiones del mundo.

El comercio de seres humanos ha creado una nueva clase de esclavos, mujeres y hombres obligados a cruzar al otro lado de la frontera mexicana en busca del empleo que muchos de los gobiernos latinoamericanos son incapaces de ofrecerles en sus territorios de origen.

En este caso, no se trata de negros encadenados, sino de ciudadanos de todas las edades y sexo, víctimas de la pobreza y por consiguiente, de la maldad de los traficantes de personas hacia Estados Unidos.

En el mes de febrero de 2010, el Departamento de Seguridad Interna de ese país acusó a 22 sospechosos en Houston, Texas, de vender inmigrantes mexicanos usando compañías de servicio de transporte para introducirlos ilegalmente al país.

Según esa fuente, los traficantes encerraban a los emigrados en “casas clandestinas”, resguardadas por hombres armados y perros de asalto para impedir que huyeran.

“México es una enorme fuente, tránsito y destino de personas traficadas con fines comerciales de explotación sexual y trabajo forzado. Mujeres, menores de edad, indígenas y “emigrantes indocumentados”, son los grupos más vulnerables”, señaló un informe sobre Trata de Personas del Departamento de Estado.

La trata de personas representa el negocio ilegal de mayor crecimiento en el mundo y a tono con pronósticos de entes internacionales, destronará al tráfico de drogas como fuente número uno de dinero ilícito.

La ONU estima que cada año las personas traficadas oscilan de 600 mil a 800 mil, mientras que el comercio de personas genera ingresos anuales por 32 mil millones de dólares. Sin embargo, otros organismos afirman que esa cifra asciende a 40 mil millones de dólares.

Casi 12.3 millones de personas trabajan en condiciones de esclavitud en el mundo, de quienes 2.4 millones fueron “vendidas”, muestran registros de la Organización Internacional del Trabajo.

De esa cantidad, 80% son explotadas sexualmente y el resto realiza faenas de trabajo esclavo de todo tipo, añade el ente.

El fenómeno de la esclavitud se remonta a las civilizaciones antiguas e históricamente se ha demostrado que su razón de ser radica en el fortalecimiento y sostenimiento de la actividad económica.

Aristóteles sostenía que esta es un fenómeno natural, lo que dio pie a que otros investigadores consideraran la relación recíproca entre capitalismo y esclavitud.

Atroces castigos a personas consideradas animales
por los traficantes. Foto: OIM

Conforme varía en su dinamismo el capitalismo, el carácter represivo de la actividad laboral también cambia, pero estudiosos como Lester Thurow sostienen que mientras la democracia es incompatible con la esclavitud, el capitalismo no lo es.

La esclavitud suele reaparecer en la misma proporción que avanza las formas autoritarias de Gobierno y proliferan las formas de reducir la condición de personas sujetas a los designios de otras sin opción a réplica, discrepancia, decisión o protesta.

Casi al concluir el año 2017, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) denunció que el comercio de esclavos subsaharianos es uno de los negocios más grandes en Libia desde que fue derrocado y asesinado Muamar Gadafí (2011).

El organismo presentó varios testimonios de refugiados e inmigrantes que contaron que muchos de los que llegan a ese país son recluidos en centros de detención, casas y garajes regulares bajo condiciones deplorables, donde los someten a torturas y vejaciones constantes para luego venderlos como esclavos.

Tras ser vendidos, los capturados por esas redes son expuestos a chantajes para exigirles dinero a sus familiares, con amenazas de ser relanzados al Mediterráneo o de matarlos si no cumplen con los trabajos en favor de pederastas.

En agosto, el canal multinacional CNN documentó por primera vez una subasta de refugiados en un lugar clandestino de la ciudad de Trípoli, capital de Libia.

Las imágenes develaron cómo los inmigrantes subsaharianos que llegan en buscan refugio son vendidos por un valor de 900, 1 mil, 1,100, 1,200 dinares, y hasta por menos de 800 dólares.

Para estas subastas, la publicidad dice cosas tales como: “Hombre fuerte para trabajar” o “¿Alguien necesita un excavador? Este es un hombre muy fuerte para excavar”.

CNN aseguró que estas ventas ocurren 1 o 2 veces al mes, mas dejó muchos detalles por precisar, debido al carácter clandestino de tales operaciones ilegales.

Saturday Standard, periódico de Kenya, publicó también que cinco personas de ese país cayeron en la trampa del mercado de esclavos libio. De acuerdo con un informe de Inteligencia, estos tomaron una ruta de tráfico establecida por uno de los grupos de contrabando más connotados de Libia, la Red Magafe.

Los cinco kenianos salieron de Nairobi y llegaron al territorio de destino tras pasar por Uganda, Juba (Sudán del Sur) y Jartum. La intención de esos hombres era sumarse a la Jihad o guerra santa islámica, pero terminaron vendiéndose como esclavos.

Los agentes corroboraron que “la red Magafe atrae a jóvenes desprevenidos e inocentes con el pretexto de ofrecer empleo y dinero, mientras que otros se sienten atraídos por la narrativa de Jihad y la lucha por un califato musulmán”.

Asimismo, mostraron que los cinco migrantes en cuestión optaron por venderse a los traficantes de personas luego de ser descartados como inútiles para el grupo terrorista, probablemente por las difíciles condiciones climáticas o por temor a caer en una trampa peor, de la cual suponían.

Huelgan los comentarios.

Foto: ABC

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