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Resultados del gobierno actual

Desde su llegada las dificultades y los errores de la actual administración se convirtieron en el pan de cada día. Solo el presidente sabía cómo había logrado ascender al poder. Los acuerdos a los cuales había llegado para ocupar tal posición pronto se hicieron evidentes. Nunca se había construido un Plan de Gobierno. No contaba con un equipo de trabajo capaz. Ni un Plan de Desarrollo Nacional. Solo interesaban unos cuantos acuerdos específicos o personales del futuro presidente que con el tiempo salieron a relucir y la jarana salió a la cara.

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El resto es conocimiento común como los escasísimos logros en educación, más bien pérdidas de lo existente en cuanto a institucionalidad y a resultados, producto de una mala dirección y acción. Lo fundamental en un país como Guatemala es fortalecer la cobertura educativa, la alimentación escolar y la calidad de los docentes. De estos tres puntos ninguno mejoró su calificación, sino todo lo contrario, descendió en el rango en que se encontraban. Por lo tanto, la pobreza se vio significativamente fortalecida una vez más. Con estos resultados de qué puede servir a cualquier persona común un nuevo proceso eleccionario como éste, menos a personas que viven en las áreas rurales, por ejemplo. Objetivamente un gobierno así es más una limitante que una solución. ¿Esto le puede generar al presidente actual algún escozor? Pareciera que no. Él y sus ministros son de otro mundo, de otra dimensión, el ciudadano común les dejó de interesar hace mucho tiempo, luego de que votaron por él. El gabinete actual tiene cosas más importantes en las que ocuparse, como por ejemplo buscar una candidatura a la presidencia, sin ningún pudor.

El problema es que para la democracia guatemalteca el saldo democrático cada vez es más débil, según lo indican mediciones recientes. La cancha está embarrialada y limpiarla es casi imposible pues no se ven esfuerzos y medidas para curar esta lacra. El Estado sigue siendo un botín para algunos sectores económicos como los transportistas, los bancos, los vendedores de medicinas, entre otros. Porque todos los días recibe los impuestos del consumo y del pago de impuestos de las propiedades que pagan las personas para estar a derecho. Unos cuantos se las ingenian para captar y administrarlos estos recursos. Es un juego perverso que nació con profundas raíces con la creación del Estado colonial. Es una enorme y pesada pirámide que nadie sabe cómo derribar, pues los salarios caen casi en la servidumbre colonial, por un lado, y, en el otro extremo la riqueza ofensiva de los que se han apoderado de los bienes y de las riquezas. El país está tocando fondo. Cómo construir salidas posibles, justas y duraderas que involucren a más personas como sujetos y como protagonistas de un proceso nuevo que tome en cuenta a todos y no solo a unos pocos.

Las salidas posibles existen. El problema es que cada vez menos personas quieren participar en el desprestigiado mundo de la política. Esto requiere esfuerzos enormes de organizaciones partidarias democráticas y de personas buenas que parecieran tardarán mucho tiempo en aparecer.

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