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Economía y política, el caso de Irán

Desde el martes 28 de diciembre, Irán vive la ola de protestas más fuerte en casi una década por la elevación de los precios de los alimentos y el agravamiento de la situación económica en el país, poseedor de las mayores reservas de gas natural del mundo y de la cuarta de petróleo.

Prácticamente ninguna ciudad escapó de esta asonada popular, que redundó en la muerte de al menos 21 personas, la detención de miles y el encausamiento de algunas de ellas al punto que pudieran enfrentar la pena de muerte.

El 90% de los detenidos en estos días son menores de 25 años, quienes reclaman la implementación de un modelo económico capaz de ofrecerles mayores oportunidades, pero también exigen más libertades y transparencia.

Las protestas comenzaron el 28 de diciembre contra el alza de precios y tras 21 muertos, el Gobierno organizó una marcha “contra la violencia” al grito de “¡muerte a Israel!”.

La combinación de esas reivindicaciones, unido a las crecientes divisiones internas entre los conservadores liderados por el ayatola Alí Jamenei y los moderados leales al presidente HassanRohani, hace suponer que apenas inicia un largo camino, en el cual prevalecerá la inestabilidad sin posibilidades de avizorar el final de la historia.

Uno de los aspectos destacables de estas jornadas es que, a diferencia de lo ocurrido en 2009, el movimiento iniciado en la localidad de Mashhad surgió desde los sectores más empobrecidos en el territorio, de manera espontánea, sin liderazgo aparente o una estructura clara.

O sea, que pareciera que la causa de estas protestas está emparentada directamente con la profunda crisis económica que vive el país y no con causas políticas, como cuando los partidarios de Hosein Musaví salieron a las calles a denunciar el presunto fraude en torno a la reelección de Mahmud Ahmadineyad y demostraron su apego a una organización política, enfocada en impulsar una agenda más reformista en Irán.

Sin embargo, como en aquella ocasión la controversia alrededor de lo que acontece logró asideros en todas partes, aunque a muchas personas les llamó la atención la posición de respaldo demostrada por el mandatario estadounidense Donald Trump, quien en uno de sus tuit aplaudió la actuación popular “contra el brutal y corrupto régimen iraní”.

De ahí que cobraran vida las tesis alrededor la supuesta intención de Estados Unidos y su principal aliado en el Oriente Medio, Israel, de acabar con un gobierno cuando menos incómodo y alejado de sus intereses de control en el área. Ello, casi siempre desconociendo los muchos factores que hacen suponer que la molestia ciudadana está latente por una crisis sin visos de solución.

Rohani llegó al poder en 2013 con la promesa de reimpulsar la economía, controlar la inflación y reactivar la creación de empleo, más un lustro después es innegable el estancamiento en términos económicos a pesar del levantamiento de las sanciones internacionales después de rubricado el acuerdo nuclear.

Informes del Banco Central de Irán reconocen que la desocupación supera el 12.7% y que cerca del 48% de las familias vive bajo la línea de pobreza, lo que provoca un sinfín de inconformidades entre las personas, incluso contra el régimen de los ayatolas o líderes supremos islámicos.

Datos manejados por organismos internacionales sugieren que el 15% del PBI está controlado por la élite clerical y la Guardia Revolucionaria, en tanto otras fuentes aseguran que hasta el 50% del PBI iraní está a la disposición del ayatollah Alí Khamenei y de la Guardia Revolucionaria.

Todos concuerdan en que no es casual el protagonismo de los jóvenes en estas protestas, por cuanto el 30% de los comprendidos de 15 a 29 años carecen de empleos, en tanto la inflación ronda los 10 puntos porcentuales.

Como si no bastase, los precios de productos básicos aumentaron 3 o 4 veces más en los últimos tiempos, mientras que continúa en ascenso la incapacidad de los bancos e instituciones financieras para devolver el dinero de los ahorristas.

Paralelo a esto son recurrentes las críticas a la política exterior de Rohani y su rol en ciertos conflictos en la región como Líbano, Gaza y Palestina, lo cual implica una enorme pérdida de dinero para el país.

La paradoja es que Irán, ubicado en el Golfo Pérsico, posee un PBI de 408 mil millones de dólares y 74 mil millones en oro y reservas de divisas; al mismo tiempo que posee la mayor reserva de gas natural del mundo (33.6 billones de metros cúbicos) y la cuarta de petróleo (711.530 millones de barriles).

Asimismo, produce alrededor de 3.8 millones de barriles de petróleo por día, en virtud de lo cual es considerado el tercer productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

agentes del gobierno propalaron la idea de que existe un triángulo fatídico detrás de las protestas de los últimos días.

Pese a todo esto Rohani presentó un proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal, que iniciará el 20 de marzo de 2018 y se extenderá hasta marzo de 2019, acorde con el cual subirá el precio de vectores energéticos y combustible, así como de algunos aumentos en la tasa tributaria.

Tal es el caso del impuesto de salida del país, el cual experimentará un incremento de 3 veces con relación a su valor actual.

Esta fue la gota que derramó la copa, empero más allá de estas contradicciones en el terreno económico, están las acrecentadas por la actitud represiva puertas adentro de un gobierno cuya orientación logró sacar al país persa del aislamiento al impulsar un pacto nuclear con potencias mundiales, entre estas Estados Unidos.

Justo la rúbrica de ese pacto alentó el rechazo de los sectores conservadores contra el reformista Rohani y los cuestionamientos de su propia base electoral, interesada en mayores reformas políticas y en ver llegar la mejora económica prometida con el acercamiento a la comunidad internacional.

Tal caldo de cultivo sentó las bases de las protestas desatadas poco antes del concluir el 2017, mas la tempestad arreció luego que el Gobierno decidiera arrestar a unos mil manifestantes en diferentes ciudades, aunque esa cifra pudiera elevarse conforme con la llegada de los datos de muchas provincias que todavía no los facilitaron.

Téngase en cuenta que, desde el inicio de las protestas, el Gobierno bloqueó el acceso a la aplicación de mensajería Telegram e Instagram y en la tarde del 31 de diciembre bloqueó por tiempo indefinido la entrada a Facebook y a Twitter.

El CEO de aplicación de mensajería Telegram, Pavel Durov, denunció en Twitter que Teherán bloqueó el servicio luego que la empresa se negara a apagar el canal especial que mostraba las protestas.

“Aquellos que dañen propiedad privada, alteren el orden y violen la ley deben ser responsables por sus acciones y pagar el precio. La escalada de violencia, miedo y terror será definitivamente confrontada”, advirtió el ministro del Interior, Abodlreza Rahmaní Fazlí.

Como respuesta al escándalo internacional, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, habló por teléfono con su par iraní y le reiteró la importancia de la estabilidad en Irán y el derecho de los ciudadanos a protestar pacíficamente, siempre y cuando no violen la ley.

Por su parte, la Unión Europea afirmó que espera que las autoridades iraníes respeten el derecho a manifestarse pacíficamente y advirtió que sigue con atención la situación en el territorio árabe. En particular, los gobiernos de Alemania y Reino Unido, igual que Israel, pidieron a Teherán respetar la libertad a manifestarse.

La reacción de las autoridades iraníes poco tardó en llegar: aunque reconocieron la legitimidad de los reclamos políticos y económicos de las protestas, llamaron a poner orden en las manifestaciones y a evitar la violencia.

“Las protestas son legales, pero deben realizarse de tal manera que al final mejoren la situación del país para la gente; las expectativas y los reclamos de la gente son correctos, pero no es aceptable que elijan un sendero que crea problemas o que hace feliz al enemigo”, declaró el presidente, en un mensaje a la nación.

Y subrayó que “este caballero que hoy simpatiza con nuestro pueblo hace unos meses nos calificó como una nación terrorista y ha estado completamente en contra de Irán”, en alusión a Trump.

El Líder Supremo Alí Jameneí, dirigente máximo del conservadurismo islámico en el país persa, también culpó a los enemigos de la república de usar recursos y aparatos de inteligencia para provocar disturbios.

La reacción de las autoridades iraníes poco tardó en llegar.

“Los enemigos de Irán han usado distintas herramientas como dinero, armas, política y aparatos de inteligencia para crear disturbios en la República Islámica”, manifestó la máxima autoridad política del Estado teocrático de Irán.

A su vez, el portavoz del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), el general de brigada Ramezan Sharif, mencionó el “apoyo abierto y encubierto de Estados Unidos, del régimen sionista y de los sauditas” a los manifestantes.

Conforme con esa visión, 6 días después de lanzarse el pueblo a las calles y de 21 personas muertas por la revuelta, el Gobierno de Irán organizó una marcha contra la violencia, en medio de la cual predominaron los gritos de “¡Muerte a los Estados Unidos!” y “¡Muerte a Israel!”, informó la agencia AFP.

Igual que en otras épocas, los participantes en ese desfile respaldado por los guardias retomaron las viejas consignas contra los enemigos de la revolución islámica y enarbolaron carteles en favor de Rohani y de Khamenei.

Mientras, agentes del gobierno propalaron la idea de que existe un triángulo fatídico detrás de las protestas de los últimos días -Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí- y esgrimieron supuestos estudios de ingenieros informáticos iraníes, según los cuales la mayoría de los mensajes de convocatoria salieron del tercero y fueron escritos en idioma árabe y persa.

Foto: El País

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