El Siglo

Bolivia en la senda del dinamismo, sin tantos alaridos

Como la tonada de moda que insta a ir despacito, y sin tantos alaridos, Bolivia dejó de ser el país suramericano con mayor índice de pobreza y comenzó a acumular elogios en todo el mundo por el despegue de sus indicadores macroeconómicos.

La suerte de aplicar “un modelo hecho por los bolivianos para la economía boliviana”, según el exministro de Economía y Finanzas Públicas Luis Alberto Arce Catacora (2006-2017), permitió a esa nación, mayoritariamente indígena, elevar en apenas una década el Producto Interno Bruto (PIB) de 9 mil millones a más de 19 mil millones y crear una base de reservas internacionales cercana al 50 % del indicador.

Aunque “Bolivia está como en un sándwich, no somos ni emergentes, ni somos pobres”, al decir del economista con especialización en Inglaterra, Fitch Ratings, Moody’s Investors Service, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reconocen la prudencia y equilibrio demostrado durante estos años.

Asimismo, coinciden en las buenas calificaciones y augurios para este 2018, que comenzó en ese territorio andino con la perspectiva de un crecimiento en el orden de los 4 puntos porcentuales, superior a los 3.9 reportados en el precedente (CEPAL).

Alasitas, La Paz.

La redistribución del ingreso, los bonos sociales-más de 300 millones de dólares anuales, en favor de la cuarta parte de la población-, el incremento de la demanda interna, y la estatalización de bienes naturales claves como los hidrocarburos, son algunos de los pasos dados en aras de revertir el lamentable desempeño económico de otrora.

Como resultado, Bolivia es considerado el más proclive a despegar en el continente sin renunciar a la concertación de acuerdos y a la promoción de las inversiones, con vistas a atraer capitales de empresas y de gobiernos interesados en colaborar desde todas partes del mundo.

Siempre “bajo el principio de que queremos socios, pero no patrones”, las autoridades bolivianas creen en la posibilidad de lograr finalmente dos salidas al mar en el corto plazo y en reducir al mínimo el contrabando por sus 5 fronteras -Brasil, Paraguay, Chile, Argentina y Perú-, para sumar un 2% más al PIB.

El sueño añorado de la nación, tras la pérdida hace más de un siglo de la ruta al océano Pacífico como resultado de la guerra con Chile (1879-1883), cobrará visos de realidad de concretarse el proyecto de construcción de una línea férrea capaz de unir al puerto brasileño de Santos con el peruano de Ilo.

Suiza será el principal aliado en los planes de establecer un tren bioceánico capaz de atravesar unos 3 mil 755 kilómetros de territorios de Brasil, Bolivia y Perú, con un ramal adicional que beneficiará a 6 de los 12 países suramericanos.

Según lo proyectado, la creación de esa ruta de hierro tendrá un costo aproximado de 14 mil millones de dólares y será una suerte de canal al estilo del de Panamá en el siglo XXI.

Alemania, España, Francia y Austria; así como otros miembros de la Unión de Naciones Sudamericanas, respaldan la iniciativa por su importancia para la integración regional en el orden humano y para el desarrollo del comercio de bienes y servicios.

Para todos estos, es viable el proyecto por el empeño demostrado por el gobierno boliviano y por el respaldo obtenido de Suiza, que cuenta con un gran desarrollo en la industria ferrocarrilera y en virtud de ello, podrá suministrar trenes o locomotoras del tipo cremallera, ideales para atravesar los complicados terrenos de la cordillera de los Andes.

Las ventajas que puede acarrear esta propuesta tributarían al interés de continuar impulsando la aceptación y compras de productos bolivianos exóticos como la quinua y la llama.

El cereal es uno de los más codiciados en todo el mundo, al punto que México ya solicitó su exportación directa, y la carne y lana de llama son cotizadas en todo el planeta. De hecho, la Organización de Naciones Unidas aceptó declarar al 2024 Año Internacional de los Camélidos, a solicitud de Bolivia.

Propicia la fabricación de acero, de esmaltes, lubricantes, medicinas y baterías para celulares.

Otra de las actividades en expansión es el turismo, asociado a la versatilidad de los destinos que confluyen en el territorio, sin vistas al mar, pero con el mayor y más alto desierto de sal del mundo (Uyuni, 10 mil kilómetros cuadrados) y una entrada al lago navegable más alto del mundo, el Titicaca.

Por esto y por mucho más, World Travel Awards reconoció que Bolivia es el Mejor Destino Cultural de América del Sur y en ello incidieron esos bienes naturales, pero también glorias de la nación como el majestuoso Carnaval de Oruro.

Paralelo a estas metas, el país está empeñado en progresar en cuanto a la industrialización de los hidrocarburos, de las plantas de litio y la exportación de gas y energía.

En el año que recién concluyó comenzó a funcionar la primera planta productora de amoniaco y urea, paso esencial si se considera que esta constituye el primer proyecto petroquímico concluido y es una de las más grandes de Suramérica.

Esta fábrica forma parte de la estrategia orientada a potenciar la industrialización del gas, la cual implicó la construcción de otras dos dedicadas a separar este de líquidos y el inicio de las obras para crear una destinada a producir plásticos.

Sin embargo, una de las metas más elevadas del Gobierno es garantizar la extracción y comercialización del litio, por cuanto el país cuenta con el 70% de la reserva de ese mineral en el mundo, así como con recursos como potasio, boro y magnesio.

Y sí que el litio vale, luego que muchos superaran el estigma de verlo vinculado apenas a la industria nuclear estadounidense y comenzaran a mirarlo con ojos de codicia, por cuanto propicia la fabricación de acero, de esmaltes, lubricantes, medicinas y baterías para celulares, sobre todo.

Fotos: Isabel Soto Mayedo

.
.