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Etapa final del segundo año de Gobierno, un recuento de la gestión

El Presidente Jimmy Morales fue electo luego de la masiva indignación a los políticos tradicionales, especialmente luego que en entre los años 2014 y 2015 investigaciones criminales revelaran que altos funcionarios del Gobierno de Guatemala formaban parte de redes de corrupción, pasando por el Presidente y Vice-presidente, así como diputados, y otros miembros del gabinete del gobierno del ahora extinto Partido Patriota.

Dicha crisis política permitió que un “outsider” se fuera levantando en las encuestas de intención de voto. Un personaje que en el primer trimestre ni siquiera figuraba en las mismas. En su primer intento por optar a la presidencia. Finalmente fue electo en octubre de ese año.

Ante las distintas críticas sobre su inexperiencia en la gestión pública, la vox populi, esperanzada que el político no tradicional representara un cambio en el manejo de la cosa pública, clamaban por “darle el beneficio de la duda”.

La inexperiencia se notó tempranamente cuando se puso en tela de duda quién financiaba su estadía en el Hotel Adriatika, que a la fecha de hoy se desconoce de forma pública. Rompiendo con ello su discurso que prometía transparencia.

El primer año de su gestión no iba a ser fácil, con un presupuesto desfinanciado y con el reto de poner a flote un andamiaje que había sido entregado en pedazos, luego del desmantelamiento y saqueo que se había realizado durante el gobierno de Otto Pérez Molina. Con dificultades logró armar un gabinete que fuera aceptado por los distintos sectores.

Al inicio de su gestión se encontró con que en uno de los casos de corrupción investigados por el Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala salieron a relucir los nombres del hermano e hijo del mandatario. Acto que marcó en definitiva el paso de su gestión. Con ello inició una batalla en contra de los entes investigadores, que pasó incluso por declarar non-grato al Comisionado Iván Velásquez el pasado agosto.

El primer año lo terminó con una puntuación aprobada, no más ni menos, fruto, especialmente de la gestión que realizó la Superintendencia de Administración Tributaria, el Ministerio de Gobernación y el Ministerio de Salud y Asistencia Social. Incluso a pesar de los repetidos infortunios en comunicación y gobierno.

En el segundo año, este último que está finalizando, se preveía que, con un presupuesto negociado por su gabinete, los resultados iban a empezar a mostrarse. Sin embargo, dejó un saldo negativo. Los hitos que marcaron este segundo año fueron la catástrofe ocurrida en el Hogar Seguro, en donde no hubo capacidad de respuesta; la declaratoria de non-grato al Comisionado de la CICIG; la poca ejecución presupuestaria que no permitió ejecutar proyectos de inversión; la crisis de las carreteras, en la que destaca el acuerdo censurable que se firmó con la empresa Obedrecht; y finalmente las decisiones cuestionadas respecto de la forma en que se llevan las relaciones diplomáticas.

Llegando al segundo año de la gestión, este gobierno se ha destacado más por los desaciertos. El guatemalteco sigue con la esperanza que en esta segunda mitad del mandato se cumplan las promesas de campaña, especialmente la del fortalecimiento de la transparencia.

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