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El gato y la campana

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CATARSIS

La semana pasada fuimos testigos o víctimas, como queramos verlo, de un intenso frío. Lo cual es poco habitual en el país de la eterna primavera. No dejaron de circular los memes, chistes y en general los comentarios sobre el clima. Lo que llamó mi atención fueron los comentarios de crítica hacia las personas que hablaban del frío. Hay que estar bien amargado o no tener nada mejor qué hacer, para convertir en una crítica social el hecho de que los guatemaltecos, en todo nuestro derecho, hablemos del frío. Eso no significa que seamos superficiales o vacíos, significa que somos humanos. En el famoso libro de ciencia ficción, «Guía del autoestopista galáctico», “The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy”, del escritor británico Douglas Adams, el personaje Ford Perfect, indica que lo que más le cuesta comprender de los humanos, es ese hábito continuo de declarar y repetir lo obvio, por ejemplo, «¡Es un lindo día! o ¡Usted es muy alto!». Y es cierto, así somos, en la Gran Bretaña, en los Estados Unidos, en Suecia, en Argentina, tenemos la costumbre de «declarar y repetir lo obvio», y eso, no tiene nada de malo, simplemente nos hace humanos.

Luego, encuentro la crítica de un activista social a quienes visitan Quetzaltenango y compran bolsas con Shecas. Nuevamente, ¿Qué tiene eso de malo? Alguien precisamente le comentó que, si él no las estaba comprando, ¿Cuál era su problema? Y ese es el principal tema de los derechos individuales, por absurdo que les parezca el ejemplo. Esta persona es un activista de los derechos de la comunidad LGTB y así como él tiene derecho a que los homosexuales no sean discriminados, el mismo derecho tiene el ciudadano que desea comprar Shecas, de no ser criticado.

Tristemente las redes sociales han dado lugar a que cualquiera, sin poseer ningún argumento sólido se dedique a criticar a quien no tiene sus mismos gustos o creencias. Y eso está bien, porque es parte del derecho que tienen las personas a expresarse libremente, pero que se expresen libremente no les da la razón, y que otros tantos estén de acuerdo no lo vuelve una verdad. Y es que cualquiera que lee los medios y redes sociales, pensaría que su exclusiva función es la de ser una herramienta para quejarse y criticar.

Una opinión no se debe valorar positivamente si me da la razón y negativamente si no, el valor de escuchar una opinión es poder comprender cómo piensan los demás, conocer otros puntos de vista, que desde nuestra perspectiva no hemos visto. Esta se debe valorar por la forma que nos presentan sus argumentos. Sin embargo, las columnas de opinión, los editoriales y las noticias en general, son calificadas como buenas o positivas, si nos dan la razón y validan nuestros puntos de vista y descalificadas, si no. Y por esa razón, es que no salimos de nuestras burbujas. Nos conformamos con que quienes piensan igual que nosotros nos califiquen positivamente, pero nos negamos a valorar los comentarios negativos o contrarios.

Esto me recuerda a los videos que circulan en las redes sociales de los gatos con la campana de mesa. En el video, el gato presiona la campana y recibe una galleta y así nos vemos muchos en las redes sociales, dando votos favorables o desfavorables, presionamos con mucha facilidad esa mano con el pulgar hacia arriba o los corazones, pero no es más que un efecto placebo, el impacto real es nulo. Al menos el gato es lo suficientemente inteligente para saber que recibirá una galleta, nosotros presionamos los botones con la misma facilidad que el gato, pero a cambio de nada.

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