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¡Y va la reforma fiscal en Estados Unidos!

El Congreso de Estados Unidos aprobó definitivamente la reforma fiscal impulsada por el presidente Donald Trump. Esta transformación, altamente impopular, devino el primer gran triunfo legislativo del Partido Republicano bajo el mandato del controversial gobernante y a la larga pudiera tener un efecto dominó sobre la mayor parte de las economías del mundo.

Mientras algunos destacan que este es el mayor recorte fiscal desde 1986, y hasta aplauden lo que suponen el preámbulo del retorno de gran parte de capitales y empleos al país norteamericano, otros insisten en que estas medidas apenas favorecerán a los grandes empresarios y apenas darán respiro a la casi ahogada clase media estadounidense.

“Esta es una victoria histórica para los americanos”, afirmó Trump este miércoles y espetó que con ello “básicamente la hemos derogado Obamacare”, en alusión a la Ley de Asistencia Asequible de Barack Obama.

Para el mandatario, quien anhelaba una gran victoria política después de 11 meses de fallas legislativas y fracasos, “con el recorte de impuesto y arreglando este sistema en bancarrota hemos puesto un combustible espacial al motor de nuestra economía”.

Los republicanos fracasaron al tratar de desmantelar la Obamacare, pero consideran que con esta ley podrán demostrar a los estadounidenses que pueden gobernar.

“La prueba estará en los cheques de pago”, dijo el senador Rob Portman y remarcó que “esto es un alivio fiscal real, y es necesario”.

Por su parte, el presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, destacó que “el Congreso aprobó un proyecto de ley de reforma tributaria que ocurre una vez en una generación. Este es el final de un largo viaje para ofrecer una gran desgravación fiscal al pueblo estadounidense”.

“Ahora, esta legislación histórica será enviada al escritorio del presidente para que podamos comenzar 2018 con un nuevo código tributario”, subrayó el republicano, quien desde el inicio de su carrera legislativa batalló por una reducción impositiva como esta.

Del otro bando, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, aseguró a los republicanos que pagarán un alto precio en las elecciones legislativas de 2018 por esa terrible legislación.

“La sustancia y las encuestas están tan podridas que dentro de un año los republicanos se echarán esta factura en vergüenza por votar por el sí esta noche”, vaticinó.

La plusvalía por el alza en acciones a partir de la reforma puede generar un círculo virtuoso para la economía de EE.UU. Fuente: Grupo Financiero BX

La principal preocupación expresada por los demócratas es que esta ley ampliará la brecha de ingresos entre ricos y pobres en Estados Unidos, además que en la próxima década sumará 1.5 billones de dólares a la deuda nacional, de 20 billones de dólares.

En tanto, allende el Atlántico, cuatro comisarios de la Unión Europea denunciaron el riesgo de que esta reforma se convierta en un obstáculo para el comercio con Estados Unidos.

“Hemos resaltado nuestras preocupaciones en la carta que hemos remitido a las autoridades estadounidenses competentes. Queremos garantías de que la reforma fiscal no va a conducir a una situación que de facto sería discriminatoria para las empresas europeas”, expresó el vicepresidente de la Comisión, Valdis Dombrovskis y explicó que la nueva normativa abre la puerta a los subsidios a la exportación, una medida que Bruselas ve como una forma de proteccionismo contraria a los principios de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

“Estamos ante el comienzo de una competencia fiscal muy inquietante. Algunos hablan ya de guerra impositiva. La globalización está empezando a convertirse en competencia en lugar de cooperación entre gobiernos. Y eso es muy preocupante”, señaló el delegado de la organización no gubernamental Eurodad, Tove Maria Ryding.

“Lo más importante es que esta medida, esta decisión, no se queda sólo en Estados Unidos. Produce olas en todo el mundo. En ese sentido, lo primero que hay que decir es que no está claro cuál es el efecto que tendrá, pero está claro que va a pegar”, opinó el editor del diario El Economista, de México, Luis Miguel Gómez.

En buena medida, un cambio fiscal de este tamaño, que implica una reducción de impuestos, es casi como darle un boleto de regreso al 1.4 billones de dólares que tienen corporativos de Estados Unidos que están en otros lados del mundo, alertó.

Compañías como Apple tienen 200 mil millones de dólares fuera de Estados Unidos, más que las reservas del Banco de México, ejemplificó el especialista y remarcó que todos los cálculos apuntan a que esta reforma “seguro abre un agujero fiscal de aproximadamente 1.4 trillones o billones de dólares, a razón de 150 mil millones por año.

Pese a todos los anuncios, esta ley no implicaría un despegue del crecimiento y eso es el primer foco rojo encendido respecto a la misma. Si no crece tanto la economía, quedará un agujero fiscal que no se va a poder llenar, y eso llevaría a que Estados Unidos buscaría el modo de subir tasas de interés respecto al dólar.

“Entonces, si ya hay un movimiento a favor de subir tasas de interés en Estados Unidos, con un déficit fiscal eso se aceleraría. Dicho de otra manera, tendríamos que la competencia por los recursos sería no sólo a través de impuestos si no de mejores tasas de interés”, reflexionó el economista, para quien ese punto es el que más debe preocupar.

Los especialistas concuerdan en que, con la mayor reforma al código tributario estadounidense en 30 años, los republicanos superaron en apenas unas semanas la oposición de los demócratas en un esfuerzo por reducir los impuestos a las empresas y a los individuos más acaudalados, ofreciendo además un alivio fiscal diferente y temporal a los trabajadores y sus familias.

Esta vasta reforma, que será financiada con deuda, reduce el impuesto a las ganancias de las empresas de 35 a 21 %, ofrece a dueños de negocios una nueva exención fiscal de 20 % sobre sus utilidades y renueva la forma en que Estados Unidos cobra tributos a las multinacionales para alinearse con las recomendaciones que han hecho las mayores corporaciones durante años.

Con este nuevo cuerpo jurídico, millones de estadounidenses dejarán de facturar deducciones, lo cual dejará las exenciones tributarias que incentivan la compra de viviendas y las donaciones por fines benéficos fuera de su alcance. Sin embargo, gozarán de hacer declaraciones de impuestos más sencillas y breves.

Si bien la ley mantiene el actual número de tramos fiscales, ajusta muchos de los porcentajes y niveles de renta, al mismo tiempo que reduce el principal impuesto para los individuos más ricos que es el tributo estatal a la herencia. Este cambió para que menos personas tengan que pagarlo.

Paralelo a esto, dos cláusulas añadidas por los republicanos para garantizar el respaldo a la reforma revierten partes del sistema de salud Obamacare y permiten la extracción de petróleo en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Alaska, en el Ártico.

En síntesis, los principales cambios llevarían a que la tasa corporativa quede en 21 %, que en el caso de ciertas compañías fiscalmente transparentes se otorgará una deducción del 20 % sobre ingresos, los cuales no son considerados compensación por la prestación de un servicio personal (sueldos u honorarios).

A su vez, el impuesto especial sobre utilidades mantenidas en el exterior cambiará, por cuanto se gravarán a una tasa de 15 puntos porcentuales si se mantienen en efectivo y 8 si se tienen invertidos en otros activos. Este impuesto (por “repatriación”) se pagará si se repatrian efectivamente o no dichas utilidades.

También se introducen medidas innovadoras para combatir la erosión de la base fiscal de Estados Unidos, mediante planeación fiscal internacional; y se exentan dividendos de subsidiarias extranjeras en la mayoría de los casos y en la medida de que se haya pagado un impuesto mínimo en el extranjero (Sistema de exención por participación sobre rentas mundiales).

Respecto a las personas físicas, la tasa impositiva máxima será de 37 % y los impuestos estatales solo serán deducibles hasta 10 mil dólares. De igual modo, se limita la deducibilidad de intereses sobre hipotecas a solo para adquirir inmuebles (no líneas de crédito) y hasta 750 mil dólares, al mismo tiempo que se elimina la multa por no tener seguro médico.

Los republicados defienden la idea de que, cuanto más baja la presión fiscal, más se anima la economía, y, al acelerarse el crecimiento, aumenta el tamaño del pastel y el fisco acaba ingresando lo mismo pese a que los gravámenes bajen. Dicho de otro modo, que el mayor dinamismo compensa el recorte de los tipos impositivos y la reforma fiscal, de alguna forma, se paga sola.

Sin embargo, para muchos expertos, incluido el comité fiscal del Congreso, esos cálculos son demasiado optimistas y el bocado a las arcas seguirá sumando al menos un billón de dólares en esa década.

De cualquier modo, es innegable que Trump necesitaba esta victoria por el mal balance legislativo que marcó su presidencia hasta este momento, a pesar de la mayoría republicana en ambas cámaras. Y a final de cuentas, los días dirán cuál de los bandos en conflicto por este cambio histórico estaba equivocado, aunque claro la definición de las culpas nunca contentará a los perjudicados por esta vuelta de timón sin precedentes en Estados Unidos.

Foto: AP

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